Pablo y Alejo, su mejor amigo, se habían reconciliado tras aquel altercado confuso. El cumpleaños de Alejo estaba cerca y, claro, Pablo tenía que estar presente con su novia. Sabía que siempre cabía la posibilidad de reencontrarse con Máxima en ese evento y hacía al menos 2 meses que no la veía o tenía contacto con ella, desde ese último encuentro caliente sobre el escritorio. Como de costumbre, él y Mía llegaron y saludaron a todos en el lugar. Ella se quedó conversando con amigas que no veía hace tiempo, Pablo cruzó un par de palabras con algunos de los presentes y rápidamente se alejó.
La fiesta era en la terraza, al atardecer de un sábado de primavera. Una banda en vivo tocaba la música que la ambientaba y entonces la vio llegar. Llevaba un jean, una remera escotada que insinuaba los pechos turgentes que atraían toda la atención, igual que sus caderas. Pablo se sorprendió al verla un tanto cambiada, más linda que la última vez. Se había cortado el pelo y sus tatuajes estaban más coloridos. Venía del brazo de un hombre mayor que ella, pero joven aún. Pablo no pudo evitar sentirse molesto, inquieto, confundido. Cruzaron miradas, pero no se atrevió a saludarla, sentía que la última vez le había faltado y no tenía idea de cómo encararla nuevamente.
Por su parte, Máxima luchó con el deseo de acercarse al “novio de Mía”, como lo llamaban en la fiesta. Se sintió incómoda pero no se perdió detalles de Pablo. Sus ojos verdes resaltaban ese día, llevaba una camisa leñadora con colores azules y rojos, jeans, zapatillas rojas y la barba descuidada. El gimnasio estaba dando sus resultados, se veía recio.
-Estás inquieta.- Le murmuró Luca al oído, destapando un porrón de cerveza.
-Luca… No, estoy bien, en serio.- Para Pablo, cada acercamiento de Luca a Máxima era una puñalada.
-¿Qué pasa amor? Te veo inquieto ¿No es esa chica la que vivía con vos? ¿Cómo se llamaba?
-¿Qué? –Se sobresaltó Pablo.
-Máxima, tu amiga, la lesbiana.- reafirmó Mía insistente.- No me parece tan lesbiana, el flaco que la acompaña le está muy encima y está muy bueno.
-¡Mía! ¿Sos mi novia o la novia del flaco que está con Máxima? Y no hace falta que te refieras a ella como "la lesbiana", ¿sabes?
-Bueno, perdoname, no quería ofender y no seas celoso amor, sos el único para mí– Dijo Mía, dándole un beso apasionado mientras Pablo seguía con la mirada los pasos de Máxima, que se alejó de su pareja.
Luca era atractivo para las mujeres y no perdieron el tiempo en rodearlo.
–Miralo, está gateando con una bocha de minas, prácticamente delante de Máxima.
-¿Qué te importa a vos? ¿Estás celoso? Si ella es torta. ¿No ves que se alejó?- Pablo intentó despistar a Mía besándola, sin cerrar los ojos. No había vuelto a tener sexo, desde Maxi.
-¡Ey! No paras de seducir vos.
-No seduzco a nadie y si lo hiciera no iría por ellas… -Respondió Luca, lanzando una mirada que desnudaba a Máxima.
–Calmate, que yo soy torta y vos cura.- Dijo, dejando ver en sus mejillas cierto rubor.
-Pero ellos no lo saben.- Respondió Luca, mirando alrededor.
-Basta Luca. Pregunta Alejo si te animas al escenario.
-¿Cantar? Mira, hace tiempo no lo hago.- Máxima lo miró casi suplicante.
-Por favor ¿siiiii??
-Solo por ti.- Respondió Luca, sacándose la campera. Tenía un tatuaje grande en el brazo izquierdo, algo que no es usual en un sacerdote, pero que era inevitable en un rebelde devoto como Luca. Máxima caminó detrás de él y sintió cómo su cuerpo reaccionaba ante semejante imagen. Sin embargo, fue cuando lo escucho cantar que sintió que, si antes podía controlar las cosas que el cura le causaba, difícilmente lo lograría después de esto. Pablo, por su lado, seguía pendiente de sus movimientos e inevitablemente termino abandonando a Mía para ver a donde se dirigía Máxima con el extraño. Casi como un espía, se camufló para escuchar sus charlas.
-Sos increíble, Luca ¿Tenés algún otro talento oculto?
-Sólo los que viste.
-Estás tatuado, no conozco curas tatuados.
-Fui un rebelde en su momento, hay marcas que no se pueden borrar.
-¿Les dijiste a esas mujeres que sos un sacerdote?
-Sí, Alejandro se ocupó de confirmarlo, de otra forma la rubia pequeña estaría detrás de mí.- Respondió dando un sorbo a la cerveza.
-Es que si no traes el alzacuello sos una presa fácil.
-¿Presa fácil? I’m not an easy… God I’m a priest, Max.
-You are a seductor and you know it.
-if I wanted to seduce someone in this place, it wouldn´t be none of those girls you see there
-¿Y si quisieras? Digo, si pudieras seducir a una mujer ¿cómo lo harías?
-Estoy oxidado en eso pero...- Respondió Luca fijando sus ojos azules en los de Máxima- Si quisiera seducirte podría decirte que estoy cometiendo 4 de 7 pecados capitales. Luego te rodearía con mis manos la cintura y pondría mis labios muy cerca de los tuyos explicándote cuáles son. –Murmuraba Luca mientras convertía sus palabras en acciones.
-Y… ¿Cuáles son?
-Ira, porque todos los hombres de este lugar pueden mirarte sin sentirse pecadores. Soberbia, porque sé que puedo seducirte si lo intento. Envidia de los hombres que pueden tocarte. Lujuria, porque siento que mi cuerpo se descontrola cuando te tengo cerca.- Maxi estaba a punto de explotar y perder el control sobre su cuerpo, cuando sintió una vos en su espalda
-Maxi, hola. ¿Cómo estás?- Tardó unos segundos en volver a su estado natural de entendimiento, hasta que comprendió que era Pablo el que hablaba.
-¿Pablo? Hola, ¿qué haces acá?
-Es la fiesta de Ale, sabes que no podi-
-No, acá, en el balcón- Lo cortó en seco Maxi.
-Perdónenme, voy a buscar otra cerveza- Dijo Luca, sabiendo que, en ese momento, sobraba en la conversación.
-No, quédate, Luca. Te presento: él es Pablo; Pablo, él es Luca- Pablo lo saludó de mala gana, casi sin prestarle atención, solo podía mirarla a ella.
-Mucho gusto. Igual voy a buscar una cerveza, esta ya no tiene más.
-¿Qué haces, Pablo?
-Quería verte, no sé nada de vos desde hace rato. Te extraño.
-Por algo será, ¿no? Yo también te extraño, pero eso no cambia nada- dijo, un poco enojada.
-Ya lo sé, pero-
-Pero nada, Pablo. Me voy. Otro día hablamos.