lunes, 29 de septiembre de 2014

Soberbia, Envidia, Ira y Lujuria (Capitulo XXV)

Pablo y Alejo, su mejor amigo, se habían reconciliado tras aquel altercado confuso. El cumpleaños de Alejo estaba cerca y, claro, Pablo tenía que estar presente con su novia. Sabía que siempre cabía la posibilidad de reencontrarse con Máxima en ese evento y hacía al menos 2 meses que no la veía o tenía contacto con ella, desde ese último encuentro caliente sobre el escritorio. Como de costumbre, él y Mía llegaron y saludaron a todos en el lugar. Ella se quedó conversando con amigas que no veía hace tiempo, Pablo cruzó un par de palabras con algunos de los presentes y rápidamente se alejó.
 La fiesta era en la terraza, al atardecer de un sábado de primavera. Una banda en vivo tocaba la música que la ambientaba y entonces la vio llegar. Llevaba un jean, una remera escotada que insinuaba los pechos turgentes que atraían toda la atención, igual que sus caderas. Pablo se sorprendió al verla un tanto cambiada, más linda que la última vez. Se había cortado el pelo y sus tatuajes estaban más coloridos. Venía del brazo de un hombre mayor que ella, pero joven aún. Pablo no pudo evitar sentirse molesto, inquieto, confundido. Cruzaron miradas, pero no se atrevió a saludarla, sentía que la última vez le había faltado y no tenía idea de cómo encararla nuevamente.
 Por su parte, Máxima luchó con el deseo de acercarse al “novio de Mía”, como lo llamaban en la fiesta. Se sintió incómoda pero no se perdió detalles de Pablo. Sus ojos verdes resaltaban ese día, llevaba una camisa leñadora con colores azules y rojos, jeans, zapatillas rojas y la barba descuidada. El gimnasio estaba dando sus resultados, se veía recio. 
-Estás inquieta.- Le murmuró Luca al oído, destapando un porrón de cerveza.
-Luca… No, estoy bien, en serio.- Para Pablo, cada acercamiento de Luca a Máxima era una puñalada. 
-¿Qué pasa amor? Te veo inquieto ¿No es esa chica la que vivía con vos? ¿Cómo se llamaba? 
-¿Qué? –Se sobresaltó Pablo.
-Máxima, tu amiga, la lesbiana.- reafirmó Mía insistente.- No me parece tan lesbiana, el flaco que la acompaña le está muy encima y está muy bueno. 
-¡Mía! ¿Sos mi novia o la novia del flaco que está con Máxima? Y no hace falta que te refieras a ella como "la lesbiana", ¿sabes? 
-Bueno, perdoname, no quería ofender y no seas celoso amor, sos el único para mí– Dijo Mía, dándole un beso apasionado mientras Pablo seguía con la mirada los pasos de Máxima, que se alejó de su pareja. 
 Luca era atractivo para las mujeres y no perdieron el tiempo en rodearlo. 
–Miralo, está gateando con una bocha de minas, prácticamente delante de Máxima. 
-¿Qué te importa a vos? ¿Estás celoso? Si ella es torta. ¿No ves que se alejó?- Pablo intentó despistar a Mía besándola, sin cerrar los ojos. No había vuelto a tener sexo, desde Maxi. 
-¡Ey! No paras de seducir vos. 
-No seduzco a nadie y si lo hiciera no iría por ellas… -Respondió Luca, lanzando una mirada que desnudaba a Máxima. 
–Calmate, que yo soy torta y vos cura.- Dijo, dejando ver en sus mejillas cierto rubor. 
-Pero ellos no lo saben.- Respondió Luca, mirando alrededor.
-Basta Luca. Pregunta Alejo si te animas al escenario. 
-¿Cantar? Mira, hace tiempo no lo hago.- Máxima lo miró casi suplicante.
-Por favor ¿siiiii?? 
-Solo por ti.- Respondió Luca, sacándose la campera. Tenía un tatuaje grande en el brazo izquierdo, algo que no es usual en un sacerdote, pero que era inevitable en un rebelde devoto como Luca. Máxima caminó detrás de él y sintió cómo su cuerpo reaccionaba ante semejante imagen. Sin embargo, fue cuando lo escucho cantar que sintió que, si antes podía controlar las cosas que el cura le causaba, difícilmente lo lograría después de esto. Pablo, por su lado, seguía pendiente de sus movimientos e inevitablemente termino abandonando a Mía para ver a donde se dirigía Máxima con el extraño. Casi como un espía, se camufló para escuchar sus charlas. 
-Sos increíble, Luca ¿Tenés algún otro talento oculto? 
-Sólo los que viste. 
-Estás tatuado, no conozco curas tatuados. 
-Fui un rebelde en su momento, hay marcas que no se pueden borrar. 
-¿Les dijiste a esas mujeres que sos un sacerdote? 
-Sí, Alejandro se ocupó de confirmarlo, de otra forma la rubia pequeña estaría detrás de mí.- Respondió dando un sorbo a la cerveza. 
-Es que si no traes el alzacuello sos una presa fácil.
 -¿Presa fácil? I’m not an easy… God I’m a priest, Max. 
-You are a seductor and you know it. 
-if I wanted to seduce someone in this place, it wouldn´t be none of those girls you see there 
-¿Y si quisieras? Digo, si pudieras seducir a una mujer ¿cómo lo harías? 
-Estoy oxidado en eso pero...- Respondió Luca fijando sus ojos azules en los de Máxima- Si quisiera seducirte podría decirte que estoy cometiendo 4 de 7 pecados capitales. Luego te rodearía con mis manos la cintura y pondría mis labios muy cerca de los tuyos explicándote cuáles son. –Murmuraba Luca mientras convertía sus palabras en acciones. 
-Y… ¿Cuáles son? 
-Ira, porque todos los hombres de este lugar pueden mirarte sin sentirse pecadores. Soberbia, porque sé que puedo seducirte si lo intento. Envidia de los hombres que pueden tocarte. Lujuria, porque siento que mi cuerpo se descontrola cuando te tengo cerca.- Maxi estaba a punto de explotar y perder el control sobre su cuerpo, cuando sintió una vos en su espalda
-Maxi, hola. ¿Cómo estás?- Tardó unos segundos en volver a su estado natural de entendimiento, hasta que comprendió que era Pablo el que hablaba.
-¿Pablo? Hola, ¿qué haces acá?
-Es la fiesta de Ale, sabes que no podi-
-No, acá, en el balcón- Lo cortó en seco Maxi.
-Perdónenme, voy a buscar otra cerveza- Dijo Luca, sabiendo que, en ese momento, sobraba en la conversación.
-No, quédate, Luca. Te presento: él es Pablo; Pablo, él es Luca- Pablo lo saludó de mala gana, casi sin prestarle atención, solo podía mirarla a ella.
-Mucho gusto. Igual voy a buscar una cerveza, esta ya no tiene más.
-¿Qué haces, Pablo?
-Quería verte, no sé nada de vos desde hace rato. Te extraño.
-Por algo será, ¿no? Yo también te extraño, pero eso no cambia nada- dijo, un poco enojada.
-Ya lo sé, pero-
-Pero nada, Pablo. Me voy. Otro día hablamos.

lunes, 22 de septiembre de 2014

La duda (Capítulo XXIV)

Pablo era un buen abogado y el ascenso no se hizo esperar. Su sueldo mejoró, su vida se estabilizó, volvió a entablar una relación de noviazgo con Mía. Si se iban a casar o no, aún no lo decidía. Sin embargo, el vacío se hacía notar, el sabor a nada, el silencio recurrente. Había ocasiones en las que la mente de Pablo divagaba. Mía es bailarina, así que muchas veces Pablo se veía obligado a participar de determinados eventos, y era en esos eventos donde se daba cuenta de lo solo que en realidad se sentía.
Los miércoles era la cena familiar de los Miller Sanz, hacía tiempo que él no participaba tan seguido como después de volver con Mía. Durante las épocas “maxinianas” las costumbres de Pablo habían cambiado, sus miércoles eran “miércoles de papas fritas y series” en el sillón con su compañera de cama, pero desde entonces hasta hoy, los cambios habían sido significativos. Cambios que no eran cambios, sino un regreso a su antigua rutina de “chico bien”.

-Te noto distante, Pablo.- Lo sorprendió en el balcón su padre.
-¡Papá! No, para nada. Es que tengo mucho laburo.
-Supongo que tengo que creerte – resopló Ricardo, mirando el paisaje que dejaba ver la ciudad de noche. Pablo giró la mirada fijándola en su padre.
-¿Dudas de mí, papá?
-Vos dijiste que no estás distraído. Te creo. ¿Por qué no tendría que creerte?
-Te conozco Papá ¿Qué querés saber?
-¿Estás realmente seguro de querer esa relación que tenés con Mía?- Pablo se sintió desnudo ante esa pregunta. Su padre siempre daba en la tecla. Lo conocía incluso mejor que su propia madre.
-No sé- Respondió completamente resignado.
-¡Lo sabía!- Dijo Ricardo, casi en un tono melancólico- Vos no sos feliz con ella. Lo que no entiendo es por qué ella está en tu vida de nuevo. Sabés que no suelo meterme en tus relaciones, pero me preocupa que termines en una relación con alguien que no te hace feliz.
-No, papá. No es que no me haga feliz, es sólo que, no sé, se siente raro, no es lo mismo. Me falta algo.
-Maxi. – Murmuro Ricardo tomando un trago de su café-
-¿Perdón?
-Máxima. Ella te cambió mucho. Te hizo salir de tus estructuras, te hizo ver la vida desde otra perspectiva. Lo sé porque los vi el día del casamiento de Ian.
-¿Qué viste?- Dijo Pablo ahogándose en saliva.
-Vi que la besaste en la mesa. Vi cuando se fueron juntos al jardín y te vi dejarla ahí, sola, porque Mía apareció y no pudiste ver nada más alrededor. 
-Papá, Máxima es homosexual. Sí, hubo algunos besos. Estábamos solos y juntos, qué se yo. No veo por qué eso cambiaría mi vida.
-Te sorprendería todo lo que cambia cuando la mujer de tu vida pasa por ella. No tiene nada que ver que sea homosexual o no. La forma en que se miraban ese día, había algo que los unía, más allá de la soledad, de la compañía, se notaba que se querían. Y lo dejaste por Mía, una mujer que sí, tiene todo lo que siempre habías buscado, pero creo, y es solo mi interpretación, que lo que estás buscando cambió hace un tiempo. Dejame que te lo diga, no es Mía lo que estás buscando ni lo que necesitas en tu vida ahora.
-¿Qué decís, viejo? Mía tiene un laburo fijo, una profesión, estabilidad. También tiene un don para bailar. Ella no lo cree, pero no he visto a nadie moverse como ella-
-No- lo cortó el padre- ¿sabes lo que te pasa? Puede que todavía te caliente, pero no. Hay mil mujeres que se mueven mejor que ella, incluso con más gracia. Que vos no lo puedas ver, es otra cosa. Maxi tiene una profesión mucho más humana, un don para transmitir todo lo que quiere con su violín. Y la vocación de ayudar. Pero basta, que no soy yo el que tiene que buscarte pareja, vos sos lo suficientemente grande para darte cuenta lo que necesitas, lo que querés y lo que te hace bien. Vamos adentro a tomar un whisky. 
Pablo quedó ausente durante toda la noche, pensado en todo lo que le dijo el padre. Todo, pero todo, terminó de abrir una grieta en él

lunes, 15 de septiembre de 2014

Nuevos horizontes (Capítulo XXIII)

Cecilia era una linda pelirroja, inteligente, graciosa, divertida pero besaba mal. Marianela, en cambio, era más formal e intrigante pero su voz, su voz era demasiado nasal. Adriana era histriónica, hermosa, femenina, toda una bailarina, pero era compleja y desconcertante. Finalmente Mariana, licenciada en Enfermería, compañera de trabajo, inteligente, divertida, comprensiva de ese mes de locura por el que Máxima había pasado, era la elección más sensata. Por fin habían concretado una cuarta cita. Entre copas de vino, una cena afrodisíaca, besos calientes y la desnudez de sus cuerpos, Mariana interrumpió:
 -No estás acá, Walkiria- Así la llamaba en la intimidad - Estás en cualquier lado menos conmigo. 
-No Marian, no digas eso, hermosa, nada que ver. 
-Es la tercera vez que lo intentamos y no concretamos nada.- Reclamó Mariana mientras se vestía.- Esto no va a ninguna parte. 
-Perdoname Mariana, te juro que no es a propósito, no sé qué me pasa. 
-Seguís enganchada con tu ex o algo.- Afirmó muy segura. 
-No, nada que ver. Para, Mariana, no te vayas. 
-Decime qué mierda te pasa y vemos si lo podemos arreglar, pero la verdad que así, mucho no puedo hacer. 
-No sé. Yo fui hace 2 semanas a lo de Pablo... 
-La puta madre Walkiria! Intento cogerte y vos tenes en mente a un paki con pija. Es de no creer.- Resopló enfurecida Mariana– Chau, me voy. Nos vemos en la clínica. No, ni te atrevas a llamarme.- Salió pegando un portazo. 
Máxima suspiró con decepción. El silencio otra vez se adueñó del departamento y si había algo que no soportaba, era ese silencio que le hacía notar la soledad. Rápidamente se vistió y salió a la calle sin un rumbo fijo. En su cabeza la pregunta era “¿Qué carajo me está pasando?” Caminó hasta llegar a la villa donde los vecinos la saludaban con mucho amor, Máxima había trabajado mucho en la zona y se sentía cómoda. Ese lugar que a veces parecía estar a la buena de dios, rodeado de carencias, era el único lugar donde se sentía contenida. Llegó hasta el potrero, donde el Padre Gabriel hacía el papel de árbitro mientras los chicos jugaban un partido de fútbol. Se sentó sobre el esqueleto de un auto donde solían jugar los chicos y los observó, intentando relajarse. 
-Hola...- dijo una voz familiar. 
-¡Padre Luca! How are you? 
-Fine, thanks… Pero por favor, hablame en español. Necesito practicarlo. 
-Perdón ¿cómo estás?
 -¿Yo? Excelente, la que se ve triste eres tú- advirtió el sacerdote mirando hacia la cancha. 
-Nah, yo estoy bien. Te habrá parecido… 
-No lo sé. A mí me parece lo contrario, te ves igual hace días. 
-¿Qué? ¿Sos adivino vos? 
-No, sólo soy observador.- Se jactó el sacerdote con su marcado acento ucraniano. Máxima lo observó casi hipnotizada. Su voz era sedante y su perfume embriagador. Inspiró profundamente antes de responder: 
-Aparentemente, sí. 
-Si necesitas hablar, estoy disponible.- Se ofreció Luca. 
-Gracias. ¿Te llevaron los chicos a conocer la ciudad? 
-Aún no, la verdad.- Máxima se puso de pie y dio un grito avisándole a Gabriel que se llevaría a Luca a recorrer la ciudad. -Vamos. Yo te llevo conmigo.- Luca la miró con una sonrisa suave y accedió a la propuesta. 
-No te puedo creer la forma en que las mujeres te miran.- exclamó Máxima mientras comía un caramelo.- Claro, estás de civil. Sos re mirable. 
-¿Mirable? -Sí, mirable. Sos un tipo lindo, alto, qué sé yo. 
-No estoy de civil.- Aclaro Luca abriéndose la campera y señalando el alzacuello- Estoy de incógnito-dijo en voz baja, imitando a un agente secreto.
 Pasaron la tarde recorriendo la ciudad, galerías, peatonales, el obelisco y otras zonas potencialmente turísticas, para terminar en Parque Centenario, descansando sobre el pasto. 
-¡Dios! Amo esto. ¿Choripan le dicen? 
-Sí, y eso que no te cebé unos mates todavía. 
-Probé el mate y no, no es de mi agrado. 
-¡PECADOR!- Grito Máxima para luego largar una potente carcajada. 
-No piensas decirme que te pasa ¿verdad? Se te nota la tristeza en tu música. Cuando suena tu violín. 
-Hoy intenté tener sexo con una mujer hermosa y es la tercera vez que no puedo hacerlo.- Dijo Máxima sin filtros.- Sabías que soy homosexual, ¿no? 
-Sí, Gabriel me lo dijo. No le veo nada malo. 
-¿No te perturba? 
-Me ofendes. Ser sacerdote no significa ser de mente cerrada.- Dijo el sacerdote con el ceño fruncido. 
-¡No! Luca, no. Nada más lejano a eso. No quise molestarte. Disculpa. La cuestión es que sé que no es biológico porque soy médica y conozco muy bien mi cuerpo. 
-Amas a otra persona.- Respondió Luca sin inmutarse 
-Wow ¿Qué te hace pensar eso? 
-Es obvio, Max. Cuando amas a alguien no tienes deseo de alguien más. Ya Deja de mirarme como si fuese un alíen, tengo 40 años, Max. Antes de optar por el sacerdocio tuve novia, pero no estamos hablando de mí, estamos hablando de tí, así que go on.- Máxima lo miró encantada y continuó con su relato. 
–No sé, yo estaba ahí con ella, entre besos, caricias, con sus pechos hermosos en mi cara y... 
-MAX, EVITA LOS DETALLES. – La detuvo Luca ruborizado.- Además de sacerdote soy hombre y mi cuerpo reacciona a los estímulos como el de cualquier otro hombre. 
-Me estás diciendo qu… 
-Sí, te estoy diciendo que me pareces una hermosa mujer y sigo siendo hombre bajo el hábito.- Máxima sonrió con malicia. 
-Perdón, en serio. No era esa mi intención. 
-No piensas hablarme de lo que te pasa ¿Verdad? Tendré que decirle a Gabriel que me ayude.- Dijo resoplando nervioso. -¿Me estás proponiendo un trío, Luca? 
-¡Máxima! 
-¡Era broma! No te enojes.- Luca la detuvo mirándola directo a los ojos. 
-Si quisiera poseerte, no querría compartirte… 
-Oh…

martes, 9 de septiembre de 2014

Dejarte atras (Capítulo XXII)

El silencio se había vuelto abrumador y con el paso de los días más notorio. Pablo había vuelto, murmuraba nervioso, inquieto, como si no quisiera oír el vacío. Por lo general, en ese horario estaba en la oficina, pero había olvidado una carpeta importante y eso lo hizo retrasarse. Estaba muy concentrado en su búsqueda cuando escucho el crujido de las llaves en la puerta del ascensor. No se sorprendió porque posiblemente Mía había hecho planes que no lo incluían, pero eso era algo que lo tenía sin cuidado, a decir verdad. Fue cuando levantó la mirada que sintió como su corazón se le paralizaba. Si hubiese puesto expectativas, posiblemente se sentiría mucho menos emocionado de lo que se sentía al encontrarse con esos enormes ojos negros que tanto había extrañado. Ella se veía distinta, vestía diferente, femenina. Llevaba un vestido corto, se había quitado el piercing del labio, se había rapado el lado izquierdo de la cabeza, usaba zapatillas, -bueno, había hábitos adquiridos, difíciles de extirpar-, medias bucaneras y campera de cuero. Máxima lo miró directo a los ojos con un dejo de lejanía. Se sorprendió por haberlo encontrado. 
-Maxi… -Exhaló Pablo casi es un murmullo. 
-No esperaba encontrarte.- Respondió ella, con esa voz grave que la caracterizaba. 
-Supongo que por eso estás acá.- Máxima se dirigió al escritorio evitando el contacto visual. 
-Vine a dejarte las llaves y a buscar las cosas que dejé en la mudanza. 
-¿Por qué no me respondes los mensajes?- Cuestionó inquieto Pablo, acercándose a ella. 
-Porque no quiero ¿Qué, tenes 4 años que preguntas esas cosas?- Respondió Máxima respirando nerviosa. 
-Okey. No, tenes razón. Deberíamos comportarnos como adultos y reprimir el hecho de que hayamos convivido casi un año.– Replicó Pablo, acorralándola contra el escritorio, entralazando sus dedos en sus cabellos, murmurándole al oído- Seamos adultos y finjamos que lo que pasó entre nosotros… no pasó.- Máxima no lo detuvo, lo miró desafiante
-Sos parte del pasado, no tenemos nada en común excepto el gusto por las mujeres. Vos tenes a Mía y yo tengo que seguir con mi vida. No sé, ¿qué más queres de mi? Razona dos minutos: yo entré a tu vida una noche en una fiesta y me fui una mañana de domingo. Así es nuestra relación. No te debo nada, no me debes nada.- Pablo tragó saliva ante semejante declaración dando un paso atrás. 
-Tenes razón, así fue nuestra relación, soy un pelotudo exigiéndote cosas- Agachó la mirada- Me confundí, creí que al menos éramos amigos.- Pablo le dio la espalda 
-Éramos amigos… Y terminamos en la cama y ahora no puedo hacer otra cosa que sentir que me traicioné a mí misma. Pablo, yo estaba muy segura de mi sexualidad.- Acotó casi en un sollozo – Y me besaste.- Lo abrazó por la espalda.- y me tocaste y estuviste en mi…-Pablo giró, encontrándose con su mirada vidriosa y llevó su boca a la de ella. Recorrió el contorno de sus caderas, su cintura, sus pechos, escuchó su jadeo y la presionó contra su cuerpo. La levantó y ella respondió, casi contra la voluntad de su cabeza. La posó sobre el escritorio, admirado su desnudez. La embistió con fuerza, la recorrió con sus labios, se perdió entre sus pechos, la observó cabalgarlo y culminaron abrazados tras un enorme orgasmo. 
-No sé qué me pasa con vos.- le murmuró Máxima al oído, recostada sobre su pecho. 
-Yo tampoco.-
De repente, la puerta. Se abrió y se escucharon pasos. Pablo tardó en reaccionar, y cuando entendió que era Mía, se levantó de la cama corriendo, apurando a Maxi. Ambos se vistieron, bajo la mirada entre asustada y aniquilante de ella. 
-No nos puede ver acá. Apurate por favor.- Escucharon a Mía en la cocina y corrieron al estudio. Cuando se encontraron, Mía se sorprendió de verlos juntos. 
-Vos debes ser Máxima, no? -Sí. ¿Vos sos…? 
-Mía. ¿Pablo no te habló de mí? 
-Ah, sí. Hace mucho que no me habla de vos, pero sí, me acuerdo- Dijo cortante- Bueno Pablo, me tengo que ir. Venía a buscar esto. Gracias. Cuídense- Y salió sin despedirse. 
-La imaginaba más masculina, no me habías dicho que era tan linda. 
-Yo tampoco me acordaba.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Un forastero (Capitulo XXI)

Había ocasiones en las que Máxima se alegraba de oír el despertador en las mañanas, el silencio de estar sola podía ser bastante abrumador, era por eso que a medida que se dirigía a la ducha iba encendiendo en el camino desde el televisor hasta el microondas. Todo esto con el único fin de no sentir la soledad. Su rutina era perfecta, ducha, desayuno, ambo, mochila, colectivo, trabajo, luego de ahí directo a la facultad. Intentaba llegar lo más cansada posible, de esa forma se iría a acostar y no habría ningún motivo para pensar. Así todos los días desde que Pablo y ella dejaron de ser compañeros de cama. En ocasiones para resistirse a la tentación de responder los insistentes mensajes de textos, mails, WA, mensajes directos en FB, ensayaba con el violín durante horas. Los fines de semana los ocupaba dando clases en el hogar del Padre Gabriel. -Está semana Pablo estuvo por acá.- Murmuro Gabriel, sacándola de su ensimismamiento. -Perdón? ¿Me hablaste? -Si, te dije que Pablo, estuvo en el hogar en la semana y su padre también, que está muy interesado en el proyecto de escuela de música. -¿Ricardo? Qué bueno. Si me dijo que iba a darme una mano la última vez que lo vi. -Pablo te buscaba. -Pablo, se tiene que hacer a la idea de que no tengo ganas de tener trato con él, pero no por resentimiento, sino porque necesito asimilar que la soledad no es mala compañera. -¿Por qué habrías de tener resentimiento con él?- La sorprendió el Padre Gabriel. -Gabriel ¿Desde cuándo sos tan chusma? -No soy chusma. Me preocupas Máxima, te veo muy apagada desde hace al menos un mes. -¿Si? No, no me pasa nada y si me pasara, no tengo ganas de hablarlo con vos. -Okey… Iba a pedirte otra cosa. -¿Qué cosa? -Llega de Ucrania el Padre Luka y necesito que lo vayas a recibir, porque llega a la hora en estoy haciendo la celebración de los enfermos. Además vos sabes hablar ingles. -Ah, mirá ¿ Y si tenía planes? Y si una chica me invito a salir? -¿Te invito a salir una chica? -No. -¿Ves? Vos podes ir. Le diría a los muchachos pero ellos tienen otro tipo de compromiso. -Y yo soy SOLTERA Y ABANDONADA, ES ESO GABRIEL? -No, no quise decir eso Maxi.- Vocifero el sacerdote acomodándose el cuello con cierto nerviosismo. - Ya sé, es que me gusta ver cuando te pones incomodo. ¿A qué hora llega? - En dos horas su vuelo estaría arribando. -¿Dos horas? -Llevate la camioneta del hogar. Máxima condujo hasta el aeropuerto y se paro en medio de la sala de espera con un cartel con el nombre del Padre Luka en sus manos. Estaba sumida en sus pensamientos más profundos cuando un hombre joven, de cabello desalineado castaño unos 40 años de edad, 1’80 de altura, vestido con jean desgastado, campera negra de cuero y auriculares le hablo. -hi, i’m Luka the priest. - Vocifero con su acento ucraniano. Máxima quedo ciertamente deslumbrada con la presencia de dicho caballero. No podía creer que ese señor tan sexy fuera un sacerdote. Trago saliva sin quitarle la mirada. Esto si era confuso, pasó de gustar de las mujeres a involucrarse con Pablo y finalmente sentirse fuertemente atraída por aquel joven párroco. -Ah, ho ho..Hola. – Respondió balbuceando Máxima.- Soy Máxima. Yo ayudo al Padre Gabriel en el hogar y él me pidió que venga a buscarlo. Padre. -Por favor, llámame Luka. Vocifero el sacerdote dejando en claro que dominaba el español . -Ah, hablas español. Well, Pretty soon you won't need me at all.- Respondió Máxima sonriendo. Su perfume era encantador y súbitamente se encontró intentando seducir a un sacerdote y se pregunto a si misma. “¿Qué carajo estoy haciendo? Le hice ojitos a un cura” -Okey… I follow you. -Vamos. Deje el auto por allá. PABLO. “Maxi, te extraño… Necesito saber de vos.” √√ Visto: 19:30 hs.