martes, 9 de septiembre de 2014

Dejarte atras (Capítulo XXII)

El silencio se había vuelto abrumador y con el paso de los días más notorio. Pablo había vuelto, murmuraba nervioso, inquieto, como si no quisiera oír el vacío. Por lo general, en ese horario estaba en la oficina, pero había olvidado una carpeta importante y eso lo hizo retrasarse. Estaba muy concentrado en su búsqueda cuando escucho el crujido de las llaves en la puerta del ascensor. No se sorprendió porque posiblemente Mía había hecho planes que no lo incluían, pero eso era algo que lo tenía sin cuidado, a decir verdad. Fue cuando levantó la mirada que sintió como su corazón se le paralizaba. Si hubiese puesto expectativas, posiblemente se sentiría mucho menos emocionado de lo que se sentía al encontrarse con esos enormes ojos negros que tanto había extrañado. Ella se veía distinta, vestía diferente, femenina. Llevaba un vestido corto, se había quitado el piercing del labio, se había rapado el lado izquierdo de la cabeza, usaba zapatillas, -bueno, había hábitos adquiridos, difíciles de extirpar-, medias bucaneras y campera de cuero. Máxima lo miró directo a los ojos con un dejo de lejanía. Se sorprendió por haberlo encontrado. 
-Maxi… -Exhaló Pablo casi es un murmullo. 
-No esperaba encontrarte.- Respondió ella, con esa voz grave que la caracterizaba. 
-Supongo que por eso estás acá.- Máxima se dirigió al escritorio evitando el contacto visual. 
-Vine a dejarte las llaves y a buscar las cosas que dejé en la mudanza. 
-¿Por qué no me respondes los mensajes?- Cuestionó inquieto Pablo, acercándose a ella. 
-Porque no quiero ¿Qué, tenes 4 años que preguntas esas cosas?- Respondió Máxima respirando nerviosa. 
-Okey. No, tenes razón. Deberíamos comportarnos como adultos y reprimir el hecho de que hayamos convivido casi un año.– Replicó Pablo, acorralándola contra el escritorio, entralazando sus dedos en sus cabellos, murmurándole al oído- Seamos adultos y finjamos que lo que pasó entre nosotros… no pasó.- Máxima no lo detuvo, lo miró desafiante
-Sos parte del pasado, no tenemos nada en común excepto el gusto por las mujeres. Vos tenes a Mía y yo tengo que seguir con mi vida. No sé, ¿qué más queres de mi? Razona dos minutos: yo entré a tu vida una noche en una fiesta y me fui una mañana de domingo. Así es nuestra relación. No te debo nada, no me debes nada.- Pablo tragó saliva ante semejante declaración dando un paso atrás. 
-Tenes razón, así fue nuestra relación, soy un pelotudo exigiéndote cosas- Agachó la mirada- Me confundí, creí que al menos éramos amigos.- Pablo le dio la espalda 
-Éramos amigos… Y terminamos en la cama y ahora no puedo hacer otra cosa que sentir que me traicioné a mí misma. Pablo, yo estaba muy segura de mi sexualidad.- Acotó casi en un sollozo – Y me besaste.- Lo abrazó por la espalda.- y me tocaste y estuviste en mi…-Pablo giró, encontrándose con su mirada vidriosa y llevó su boca a la de ella. Recorrió el contorno de sus caderas, su cintura, sus pechos, escuchó su jadeo y la presionó contra su cuerpo. La levantó y ella respondió, casi contra la voluntad de su cabeza. La posó sobre el escritorio, admirado su desnudez. La embistió con fuerza, la recorrió con sus labios, se perdió entre sus pechos, la observó cabalgarlo y culminaron abrazados tras un enorme orgasmo. 
-No sé qué me pasa con vos.- le murmuró Máxima al oído, recostada sobre su pecho. 
-Yo tampoco.-
De repente, la puerta. Se abrió y se escucharon pasos. Pablo tardó en reaccionar, y cuando entendió que era Mía, se levantó de la cama corriendo, apurando a Maxi. Ambos se vistieron, bajo la mirada entre asustada y aniquilante de ella. 
-No nos puede ver acá. Apurate por favor.- Escucharon a Mía en la cocina y corrieron al estudio. Cuando se encontraron, Mía se sorprendió de verlos juntos. 
-Vos debes ser Máxima, no? -Sí. ¿Vos sos…? 
-Mía. ¿Pablo no te habló de mí? 
-Ah, sí. Hace mucho que no me habla de vos, pero sí, me acuerdo- Dijo cortante- Bueno Pablo, me tengo que ir. Venía a buscar esto. Gracias. Cuídense- Y salió sin despedirse. 
-La imaginaba más masculina, no me habías dicho que era tan linda. 
-Yo tampoco me acordaba.

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