Pablo despertó desorientado como la mayoría de las veces, giro la mirada hacia su izquierda y vio todo ese cabello castaño desparramado sobre la almohada, inhalo con fuerza su perfume, olía a vainillas y miel como siempre. Pablo estaba envuelto en un torbellino de emociones y todas eran fuertes. Su corazón latía enloquecido, su mente estaba dispersa y sus ojos recorrían incrédulos el contorno del hermoso cuerpo que lo acompañaba. Mía había vuelto y nada, absolutamente nada iba a hacer que se perdiera un solo detalle de ese regreso.
De pronto esa extraña sensación, como cuando soñas que te caes y despertas sobresaltado, así se sintió Pablo cuando escucho el ruido que hacían las tazas en la cocina. Sin hacer ruido se vistió con un short gris y dando pasos llenos de sigilo se dirigió hacia ella, no quería alejarse de Mía pero tampoco podía esconderse.
Y ahí estaba de espaldas, tenía la cabeza cubierta con la capucha de su buzo favorito, el gris con la cara de Mickey Mouse, llevaba jeans negros y botas. Pablo la observo en silencio, sabía que lo que hizo no estaba bien pero no podía dejar de sentirse feliz de haber pasado la noche con Mía y seguía en el torbellino de emociones. Culpa, felicidad, plenitud, bochorno.
-Pensas quedarte parado ahí toda la mañana?– Lo interrumpió la voz grave de Máxima.
-Buen día.- Respondió con la voz llena de duda. Maxi lo noto y moviendo la cabeza lo miro directo a los ojos.
-Te noto dudoso en tu saludo. ¿Te Pasó algo?- Sus ojos negros profundos no denotaban ninguna emoción.
-Maxi, la verdad que me siento como el cu-
-Bueno, no importa. En un rato traen las facturas. Así desayunan rico los dos- Corto el ambiente Maxi, acomodando su mochila -¿viste mis partituras? Hoy me esperan ansiosos porque vamos a hacer “River flows in you” De Yiruma en violín.
-¿Te vas?
-Si, ya sabés que todos los domingos voy a misa y después doy clases a los pibes del hogar. Me extraña 9 meses hace que vivimos juntos, Pablo- Dijo con una sonrisa distinta a la que solía dejar ver, pero sin dar un solo paso atrás.
-Maxi yo te debo una explicación.
-No, no me debes nada. Yo en tu lugar hubiese hecho lo mismo. Te veo a la noche?- Preguntó ella abrazándose a su violín.
-Si, supongo que sí…- Respondió Pablo perplejo.
-Que la pases lindo.- fue lo último que dijo antes de desaparecer tras la puerta del ascensor.
Maxima se dejo caer sobre la puerta del ascensor, trago saliva, ciertamente acongojada, algo le habia sido arrebatado pero aún, no entendía bien que.
Por su parte, Pablo salió de su ensimismamiento al oír el sonido de la voz de Mía.
-Buenos días.- Dijo desperezándose la hermosa mujer a la que se aferró buscando algo que no entendía bien que era pero se asemejaba más al consuelo.
- No puedo creer que estés acá.
-No sabía cómo ibas a tomarlo y cuando me dijeron que estabas acompañado perdí todas las esperanzas.- Respondió jugando con su cabello ondulado y despeinado.
-Había pensado bocha de veces en el reencuentro y los reproches que iba a hacerte, pero cuando te vi en la fiesta yo, simplemente quede desarmado.-
-No perdes la costumbre, siempre sabés que decirle a una mujer.- Lo halagó ella tocandolo y dándole un beso delicado.
-Y vos, vos siempre sabés que hacer para desarmarme.- La retribuyo Pablo, en un tono entre halago y pesadumbre. Pasaron horas juntos entre besos, caricias e historias, sin embargo, Pablo jamás dejó de mirar su celular y Mía no se lo dejó pasar.
-¿Quién se roba mi atención? ¿qué te tiene tan preocupado?
-Ah, no. Nada. Pensé que había vibrado pero no…- Mía le quito el celular y lo dejó sobre la mesa de luz
-Ahora estás conmigo. Olvídate de todo- y besó a Pablo.
De pronto esa extraña sensación, como cuando soñas que te caes y despertas sobresaltado, así se sintió Pablo cuando escucho el ruido que hacían las tazas en la cocina. Sin hacer ruido se vistió con un short gris y dando pasos llenos de sigilo se dirigió hacia ella, no quería alejarse de Mía pero tampoco podía esconderse.
Y ahí estaba de espaldas, tenía la cabeza cubierta con la capucha de su buzo favorito, el gris con la cara de Mickey Mouse, llevaba jeans negros y botas. Pablo la observo en silencio, sabía que lo que hizo no estaba bien pero no podía dejar de sentirse feliz de haber pasado la noche con Mía y seguía en el torbellino de emociones. Culpa, felicidad, plenitud, bochorno.
-Pensas quedarte parado ahí toda la mañana?– Lo interrumpió la voz grave de Máxima.
-Buen día.- Respondió con la voz llena de duda. Maxi lo noto y moviendo la cabeza lo miro directo a los ojos.
-Te noto dudoso en tu saludo. ¿Te Pasó algo?- Sus ojos negros profundos no denotaban ninguna emoción.
-Maxi, la verdad que me siento como el cu-
-Bueno, no importa. En un rato traen las facturas. Así desayunan rico los dos- Corto el ambiente Maxi, acomodando su mochila -¿viste mis partituras? Hoy me esperan ansiosos porque vamos a hacer “River flows in you” De Yiruma en violín.
-¿Te vas?
-Si, ya sabés que todos los domingos voy a misa y después doy clases a los pibes del hogar. Me extraña 9 meses hace que vivimos juntos, Pablo- Dijo con una sonrisa distinta a la que solía dejar ver, pero sin dar un solo paso atrás.
-Maxi yo te debo una explicación.
-No, no me debes nada. Yo en tu lugar hubiese hecho lo mismo. Te veo a la noche?- Preguntó ella abrazándose a su violín.
-Si, supongo que sí…- Respondió Pablo perplejo.
-Que la pases lindo.- fue lo último que dijo antes de desaparecer tras la puerta del ascensor.
Maxima se dejo caer sobre la puerta del ascensor, trago saliva, ciertamente acongojada, algo le habia sido arrebatado pero aún, no entendía bien que.
Por su parte, Pablo salió de su ensimismamiento al oír el sonido de la voz de Mía.
-Buenos días.- Dijo desperezándose la hermosa mujer a la que se aferró buscando algo que no entendía bien que era pero se asemejaba más al consuelo.
- No puedo creer que estés acá.
-No sabía cómo ibas a tomarlo y cuando me dijeron que estabas acompañado perdí todas las esperanzas.- Respondió jugando con su cabello ondulado y despeinado.
-Había pensado bocha de veces en el reencuentro y los reproches que iba a hacerte, pero cuando te vi en la fiesta yo, simplemente quede desarmado.-
-No perdes la costumbre, siempre sabés que decirle a una mujer.- Lo halagó ella tocandolo y dándole un beso delicado.
-Y vos, vos siempre sabés que hacer para desarmarme.- La retribuyo Pablo, en un tono entre halago y pesadumbre. Pasaron horas juntos entre besos, caricias e historias, sin embargo, Pablo jamás dejó de mirar su celular y Mía no se lo dejó pasar.
-¿Quién se roba mi atención? ¿qué te tiene tan preocupado?
-Ah, no. Nada. Pensé que había vibrado pero no…- Mía le quito el celular y lo dejó sobre la mesa de luz
-Ahora estás conmigo. Olvídate de todo- y besó a Pablo.
“¿Dónde estás? ¿Por qué no me contestas?
√√ Visto 12:05”
“Si ves este mensaje contéstame, me estás preocupando
√√ Visto 12:35”
“Maxi, estás bien? “
√√ Visto: 13:07
“Te enojaste, yo sabía que te ibas a enojar “
√√ Visto 14: 15.
“Me clavaste el visto todas estás veces, es obvio que no me vas a contestar, te espero para cenar “
√√ Visto 15:20.
Escribiendo… 16:09
“Pablo, me queres dejar de romper las pelotas que estoy dando clases?! Haceme el favor y cogete a Mía, ah, haceme pastel de papas. Nos vemos en la cena. Besito”
√√ Visto 16:10.
“Te amo, no me dejes nunca.” √√ Visto. 16:11
Escribiendo…. “Matate” √√
√√ Visto 12:05”
“Si ves este mensaje contéstame, me estás preocupando
√√ Visto 12:35”
“Maxi, estás bien? “
√√ Visto: 13:07
“Te enojaste, yo sabía que te ibas a enojar “
√√ Visto 14: 15.
“Me clavaste el visto todas estás veces, es obvio que no me vas a contestar, te espero para cenar “
√√ Visto 15:20.
Escribiendo… 16:09
“Pablo, me queres dejar de romper las pelotas que estoy dando clases?! Haceme el favor y cogete a Mía, ah, haceme pastel de papas. Nos vemos en la cena. Besito”
√√ Visto 16:10.
“Te amo, no me dejes nunca.” √√ Visto. 16:11
Escribiendo…. “Matate” √√
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