lunes, 14 de abril de 2014

Sin paracaídas (Capítulo II)

A la mañana siguiente desperté confundido, resacoso y completamente seguro de que había compartido la cama. Mire a mi rededor y vi nuestra ropa esparcida sobre el piso, trague saliva preocupado “¿Qué mierda hice?”
Me levanté y aun saber en dónde estaba caminé medio dormido y desorientado por un pasillo no muy largo atraído por el sonido de una música rara y llegué hasta la cocina. Ahí estaba ella, llevaba puesta mi camisa, sus piernas largas, su culo hermoso, descalza y con el pelo suelto. Cualquier otro tipo se sentiría afortunado, excitado y hasta orgulloso de haberse cogido a una chica gay. Después de todo, esa fantasía pasa por la cabeza de cualquier hombre de este planeta. Pero no de la mía, no. Porque soy tan pelotudo que sentía que había profanado el recuerdo hermoso de la última noche con Mía, porque a pesar de no estar con ella, sentía que la traicionaba, estaba claro, no podía superarla.
“Buenos días” Vocifero con una sonrisa maravillosa. Dios, me sentía un eunuco, ella era una fiesta y yo lo único que sentía era culpa y deseos de explicarle que lo que paso fue un error.
“Buenos días, Máxima.” Ella me miró y se acerco de la forma más sensual posible, los tres primeros botones de la camisa desabrochados me dejaban ver sus pechos hermosos asomándose y aún así no sentía ningún tipo de excitación. Entonces sentí su aliento en mi oído, tibio, dulce:
“Vi como me estás mirando y quiero decirte que no, no cogimos. Quedate tranquilo. Estábamos tan borrachos que en un momento de lucidez te traje a casa. Ni te acordabas donde vivias“ Deje salir el aire que había estado conteniendo abruptamente y ella largo una carcajada.
“Por favor Pablo! Si bien estoy muy buena, no dejo de ser gay. Todavía no sentí el frío suficiente como para cogerme a un paki en una noche de alcohol” 
“¿Sos consciente de que me estás haciendo quedar como un boludo, no? “
“Si, pero me gusta.” Desayunamos en silencio por largo rato hasta que ella volvió a farfullar
“Mirá la hora que es, esas cajas no se van a armar solas.”
“¿Cajas? ¿Te mudas?” Supuse.
“No, en realidad mi hobby es armar cajas para volver a desarmarlas, además me encanta que mi casa sea un quilombo, soy pura diversión. Si, boludo,  me tengo que mudar antes de que Lucia vuelva. Si por mi fuera ni volvería a este departamento, no soporto el silencio, no soporto dormir sola en esa enorme cama, pero no me queda otra. Así que voy a mudarme.”
En ese momento, me quede atónito por un segundo, me di cuenta que quede como un tarado preguntando esa obviedad, pero a la vez no esperaba esa clase de respuesta de ella, claramente, empezaba a conocerla.
"Uh, si perdona mi boludez, estoy borracho y algo dormido. Todavía mi cerebro no conecta con el resto del cuerpo"
En ese momento empecé a unir cabos, me acorde de la moto, la relacione con Lucia y le pregunté:
¿Lucia? Por casualidad es Lucia Montalvo?” La cara de Maxi se desdibujo fijando su mirada en mi persona, trago saliva y se mordió el labio.
“¿La conoces?”
“Si, trabaja en la parte de contabilidad del Buffet de abogados del cual soy parte. O sea,para! vos sos la Maxi que nos presento a Mía y a mí como ‘amiga’ ?” Nunca sabia cuando callarme, me dolía tanto la cabeza mientras hablaba que ni siquiera note que los ojos de Maxi se habían puesto vidriosos. Ella no quería hablar del tema y yo, yo a veces soy verborragico.
“Servite Pablo, debes estar resacoso” Me interrumpió pasándome un vaso con un efervescente y un analgésico.
“Ah, si. Gracias”
“Si, es que estabas tan borracho que no me diste tiempo de hidratarte antes de que te duermas.” Sonrío dejando ver sus perfectos dientes perlados. “Me voy a quedar con esta camisa y cuando la lave te la devuelvo” Me advirtió oliendo el perfume. Esa camisa me la había regalado Mía, le había salido 100 dólares en un viaje que había hecho a Nueva York. Pero no me podía negar, estaba bastante sucia. Estoy seguro de que mi cara decía no, pero mi boca era amable y no se negaba.
Okey…” vocifere “Y ¿ya tenes donde mudarte?”
Por el momento voy a lo de una amiga. Es difícil conseguir depto rápido” Respondió dirigiéndose a la habitación “Pablo ¿Qué talla sos? Porque por muy trabajado que tengas el cuerpo, no podes andar en pelotas por la calle.”
M” conteste con la voz casi tomada. En mi cabeza había empezado a formarse una maravillosa pero loca, muy loca idea desde que me dijo que se tenia que mudar. Me levante de la mesa y me dirigí a su habitación tratando de recordar el camino “Anoche me dijiste que ‘Extrañabas dormir acompañada’ y me pasa lo mismo. Y vos, vos sos torta y yo estoy muy deprimido como para calentarme con vos, pensé ¿Por qué no te mudas a mi departamento y compartimos la cama?”
Si, era una locura, podía llegar a ofenderla, podía haberme echado a patadas de ahí, pero tenía que hacerlo, tenía que proponérselo. Apenas nos conocíamos, podía estar metiendo a una psicótica a mi departamento, pero extrañaba tanto sentir el calor de alguien más acompañándome en la cama. Máxima no emitió sonido, saco la camisa del perchero, se acerco
“Date vuelta” siguió sin responder a mi propuesta “Si, esta te va a ir bien” el silencio era  vandálico “vestite ya, me tenes que ayudar a armar las cajas. Acepto tu propuesta, sin sexo, soy lesbiana no te olvides. No quiero que pienses cosas raras a la noche, okey?”



Era una locura, le estaba diciendo que si a una propuesta de un pibe que a duras penas conocía. Si, habíamos compartido unas cervezas la noche anterior, un par de penas en común y ninguno de los dos estaba de ánimos para relacionarse con otra persona que no fueran nuestras ex. Estábamos apunto de lanzarnos al vació y sin paracaídas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario