miércoles, 23 de abril de 2014
Raro, desde el principio. (Capitulo III)
Llegué a su departamento a la mañana siguiente. Pablo definitivamente se había lanzado al vacío sin paracaidas, ya que apenas llegué, me recibió dejandome sus llaves y diciendome "Instalate tranquila, que a mi se me hace tarde para ir a trabajar. Nos vemos a la noche". No podia creer lo que estaba haciendo, solia ser arriesgada con mis decisiones, pero esto me parecia demasiado. Sin embargo ya estaba ahi, asi que le pedi a los chicos del flete que me dieran una mano. Entre al departamento de Pablo, un lindo 4 ambientes ubicado en la zona de Belgrano R. A mi izquierda pude ver la entrada de su estudio y observe su enorme biblioteca, a la derecha la entrada de la cocina y un pasillo que se dirigía a la habitación, deje mis cajas esparcidas por todo el living y comencé a recorrerlo en la búsqueda de algún defecto y salvo la pila de platos en la cocina, síntoma de soltería, no le encontré ni uno solo.
Me dirigí a la habitación, vi la enorme cama que compartiría con él "Que haces Maxi? Vas a dormir con un tipo!" Si bien mi primer experiencia fue un flaco, ya habían pasado mas de 9 años desde la última vez que compartí mi cama con un chabon. Vi el placard, en que el ya me había hecho un amplio espacio. Todo olía a perfume, todo estaba ordenado, todo tenia su lugar. Me habia mudado con otra mujer. Afortunademente a las tres horas ya estaba practicamente mudada, solo me restaba lo más difícil, desarmar las cajas y dejar mi pasado con Lucia atras. Estaba en eso, cuando sonó el teléfono.
Esa mañana no pude ni desayuar ni pensar en otra cosa que no sea la loca propuesta que había hecho. Me bañe a duras penas y apesar que siempre elijo minusiosamente que ropa ponerme, me vestí con lo primero que encontré. Maxi llegó tarde, como era de esperar, así que lo único que pude hacer fue decirle que vivia en el 5° B, dejarle las llaves y salir corriendo a trabajar.
El día de laburo fue raro desde el principio, cuando caí en la idea de que le estaba dando el lugar a una desconocida para robarme lo que me quedaba de la escencia de Mia. Nadie más que su ausencia había ocupado ese espacio. Y ahora, despues de tanto tiempo, me habia determinado a darle ese lugar a una chica con mis mismas dolencias y con la que sabía que no iba a pasar nada.
Llegado un punto del mediodia, empecé a preocuparme y la llame. A la quinta llamada sin respuesta, decidí salir a buscarla.
Al no sentir la mi casa, preferí no atender ninguno de los insistentes llamados. Me quedé expectante ante cada caja a desarmar. Sabia que Lucia iba a estar presente en cada detalle, en cada perfume o ropa que sacara de esas benditas cajas. El nudo en la garganta y las lágrimas no tardaron en aparecer. En un arrebato de pasión, se me cruzó por la cabeza llamarla y decirle que todo lo que nos había pasado era un error. Que nos perteneciamos mutuamente y que no podiamos vivir separadas, pero no lo hice. Afortundamente el orgullo sirvió para apuntalar la decisión que estaba tomando, esa de venirme a vivir con un extraño. Pablo.
Apure el paso al no obtener respuesta, de hecho, pensé lo peor. No la conocía y cabía la posibilidad de que hubiese cometido el terrible error de meter en mi casa a una ladrona. Si, el prejuicio que siempre asaltaba a mi mente inquieta. Entre corriendo al edificio, ni siquiera salude al portero. Subi al ascensor piso uno, piso dos, piso tres, en ese espacio entre un piso y otro el tiempo se hacia eterno. Abrí la puerta apresurado, una caja me dificulto la entrada “Maxi ¿Estás ahí?” No me respondió, insistí “¿MAXIMA, ME OÍS?” Empuje con fuerza la puerta y me encontré con una imagen insospechada, ella sentada en medio del living como un chico rodeado de juguetes, sumida en la lectura de un libro del que no podía ver el titulo.
“Pablo! Llegaste. Alguien llamo insistentemente pero no atendí porque no daba”
“Si, fui yo, por eso vine porque no me atendías. Que lees? “
"Nada, un libro que me regalo Lucia" me dijo mientras lo guardaba rapidamente como quien oculta un tesoro.
"Ya que estoy acá, queres que te ayude a acomodar?"
"SI, dale, es que me colgué con algunas cosas y no hice casi nada"
Empezamos a organizar, me puso nervioso su desorden y la facilidad que tenia para desacomodar toda la casa. Nos llevo horas llegar a un acuerdo sobre los espacios. Entonces pasamos a la peor parte, nuestra habitación. "Que raro volver a decir ´nuestra´ habitación, cuando hace tanto que estoy solo" pensé. Le cedí una parte importante de mi placard. "Mi placard", sitio casi sagrado para mi. Creo que ni a Mia le había dando tanto espacio como a ella.
Terminamos muy tarde esa noche. Ni siquiera comimos. Fuimos derecho a dormir.
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