Ah, mi nombre es Pablo, tengo 28 años, soy abogado, deportista, bastante nerdo, mi libro favorito “Una caja. Sin piel, flotando" de Eva Petric, además de tener una enorme biblioteca en varios idiomas distintos, siempre prefiero leer los libros en su versión original porque tengo la idea de que se pierde mucho de la belleza de las palabras en la traducción. En fin, ya es mucho de mí, como les contaba estaba muy feliz, veía sonreír a Mía y me sentía completo. Era la fiesta que los dos habíamos soñado. Nuestras familias juntas, felices por nuestro compromiso. No podía pedir más, la mujer que amo, haciéndome feliz y coincidiendo en todas las decisiones que tomamos. Estaba viviendo una época de ensueños. Al final de la velada, después de todos los aplausos y deseos de felicidad por parte de nuestros amigos y familiares, cuando todos se fueron despidiendo.
“La pareja de Lucia, la vino a buscar. Vamos, quiero conocerlo.” Murmuro en mi oído Mía. Sentir su aliento cerca me volvía loco, tanto como la primera vez que la vi. Decidí seguirle la corriente, me arrastro por la pista del salón hasta la entrada, una vez que se le metía algo a la cabeza no paraba hasta conseguirlo, hoy su meta era conocer a la pareja de Lucia, la contadora de la empresa en la que trabajábamos. La verdad no se que esperaba encontrar, nunca supe bien los gustos de Lucia en cuanto a hombres. Siempre fue muy reservada con su vida personal.
“Ah, es un motoquero, no entiendo a las mujeres que gustan de esos reos” pensé. Si, prejuzgue, es un defecto que tengo demasiado arraigado. Mía se río fuerte y me pellizco por lo bajo, Lucia volteo al escuchar el murmullo, el motoquero en la Harley se saco el casco.
Para nuestra sorpresa, no era un hombre. Me llamo la atención por un segundo, hasta que nos la presento.
"Ella es mi amiga, Máxima" nos dijo, y respiramos aliviados.
“Un placer” musito y extendió su mano para saludarnos. Llovía torrencialmente así que fue difícil verla con claridad. Lucia se despidió y subió a la moto que arranco a toda velocidad.
“¿Viste como te miraba?”
“¿De qué hablas Pablo?”
“La motoquera, quedo boluda con vos, elegí bien...” le dije sonriendo. Mía sonrío y me beso.
"¿Qué te pasa boluda, por qué me presentaste como tu amiga?"
"No te enojes amor, pasa que ellos no saben de nosotros, son muy conservadores. Aparte Pablo es un compañero de trabajo. En serio, no te enojes, no quiero que empiecen a hablar boludeces de mi o de nosotros y menos en el laburo"
Había pasado un mes desde aquel evento, en la oficina corría como reguero de pólvora que Lucia de contaduría se había separado de su pareja e iba a pedir licencia para adelantar un viaje que tenía planeado hace tiempo.
Esa tarde me cruce con la mirada triste de Lucia y pensé “Que afortunado soy de tener a Mía”
Se sentó ahí, frente a mí con sus piernas de bailaría, largas y torneadas, su cabello castaño y sus enormes ojos negros, pestañas arqueadas, su cintura perfecta, pechos hermosos, era toda una escultura. Hermosa, inteligente, flexible, determinada y deseosa de libertad. Por un instante paso por mi cabeza el negarme a su pedido, rogarle con todas mis fuerzas que no salga por esa puerta, pero a simple vista las cosas estaban mal, muy mal, ya no podíamos dirigirnos al otro sin sentir la agresión en el aire. En más de una ocasión me llame a silencio para evitar las discusiones, me adapte a sus pedidos, me arrastre para complacerla y no sirvió de nada, ella había tomado una decisión: Irse para nunca más volver. Y ante su determinación, no había nada que yo pudiese hacer. Así era ella, si algo se terminaba, así permanecía.
En las primeras noches sin Mia, sentí el frío que genera una ausencia, llore, me enoje, la llame, le escribí mails y no sabría decir cuántas cosas más hice en nombre de la desesperación por saber si había chances de que regresara pero no…
Para poder sostenerme en pie, comencé a cubrir los huecos que hacían que se notara su ausencia con horas de gimnasio, trabajo extra, eventos con amigos y así llego el mes numero tres.
Alejandro, mi mejor amigo organizo una “joda” con el fin de someterme a uno de sus experimentos. Teóricamente iba a presentarme a una señorita porque según él, necesitaba volver a coger.
“No entiendo esa necesidad de someterte al celibato porque tenes la absurda esperanza de que Mía vaya a volver. Pensalo así, le propusiste matrimonio y al mes termino con la relación”
Pero claro, Alejandro, nunca había estado enamorado y mucho menos podría haber tenido chances de que una mina como Mía le de bola. ¿Cómo podía entender mi dolor?
El departamento de Alejandro, estaba repleto de gente. La música bramaba por todas partes, corría el alcohol de una forma descarada y sin embargo, lo único que podía sentir era un vacío profundo imaginando como bailaría Mía, con su culo hermoso contoneándose en medio de la pista.
Busque el momento adecuado para esconderme, y ahí fue cuando la vi. Estaba sentada en el balcón, su pelo negro con una cola de caballo, camisa de jean, musculosa con la inscripción “Jacks Daniel” Jean azul desgastado en las rodillas, botas de montar, ojos negros, enormes, cejas gruesas pero perfectamente esculpidas, nariz fina y alargada, labios carnosos, completamente besables. En sus manos sostenía un porrón de cerveza la de la botella verde, los pies sobre la baranda del balcón, la mirada perdida en los edificios que lograban verse desde el 9no piso.
“¿Vos también te estás escapando de Alejandro?” musito dejando salir de su boca una voz grave
“eh? No, si, no… Algo así. Es que Ale, me quiere presentar una flaca. “
“¿Una flaca? Si, a mi también…” Miró hacia la calle mientras se mandaba un trago de cerveza.
“¿Hace cuanto que estás sólo?”
“4 meses” Respondí sentándome en una banqueta cerca de ella ”¿Tanto se me nota?” Murmure tomando un trago largo. Ella me miro y sonriendo dijo.
“Esa barba no tiene arreglo desde hace por lo menos 1 mes, viniste de camisa a la fiesta, o sea que tuviste horas extras de laburo porque estás cubriendo los huecos que dejan su ausencia. No te sentís listo para encamarte con nadie, pero lo pensaste, por eso estás acá. Los ojos verdes los tenes un toque irritados , si no la lloras todas las noches, le pego en el palo. Estás sólo hace34 meses y llevas puesto todavía el anillo de compromiso, lo que significa que te ibas a casar con ella, planeabas tener hijitos y bautizarlos todos en la misma iglesia donde te bautizaron a vos, tu mamá la adoraba, tu familia aprobaba el matrimonio, el problema era ella que no estaba lista para ese compromiso porque uno nunca es suficiente para ellas, ellas siempre. Aspiran a más y no se hacen cargo de que dejan corazones sangrando en el camino.”La mire fijo. Cuando termino de hablar trago saliva y suspiro con pesar, entonces supe que era el fiel reflejo de un espejo para ella.
“¿Cuanto hace que te dejo?”
“4 meses”
“Soy Pablo, un gusto” estreche su mano, era tibia y delicada, llevaba un anillo con la inicial “L”. Me miro y casi en un susurro respondió.
“Soy Máxima Guevara , pero los pibes me dicen Maxi, el gusto es mío, me gusta tu barba” dijo y me acaricio el mentón. “Si fuera paki, ya te hubiese chapado”
“¿Paki?”
“Heterosexual. Pablo, heterosexual” Me aclaro sonriendo.”Mierda, se me termino la birra y si voy a buscar otra, Alejandro, me va a encajar a alguna de sus amigas, te animas a ir a tomar algo conmigo en un bar?”
“4 meses” Le respondí, en mis 25 años, jamás había mirado con tanto detalle a un hombre, pero él se veía lindo. En ese momento llevaba puesto un pantalón de vestir, camisa celeste muy clarita y zapatos. A simple vista notabas que todo era de marca. Tenía un reloj acorde a la vestimenta. Era alto al menos 1,85 de altura, parecía tener un físico trabajado bajo ese aspecto de oficinista burócrata. Sus ojos eran verdes y pelo castaño claro, en ese momento lo llevaba corto con una barba bastante desprolija y abundante. En su antebrazo derecho se podía ver un tatuaje que no logre distinguir en ese instante.
“Soy Pablo, un gusto” estrecho mi mano. Su voz tenía un tono muy de chico de zona norte, sus manos eran tibias y delicadas, todavía llevaba el anillo de compromiso puesto. Me daba vergüenza que sintiera las mías, éstas manos que tenían cierta aspereza debido a la elección que había hecho de manejar motos para vivir. El tenia un perfume muy familiar para mi, pero no podía ser, Lucia jamás se pondría un perfume de hombre. Mis sentidos se activaron y el corazón se me acelero un instante, que impactante son los aromas a la hora de recordarnos cosas.
No lo dude y cuando menos lo esperaba iba montado detrás de ella en aquella enorme Harley, paramos en un Pub Irlandés en la zona de Retiro , ella tenía atisbos de masculinidad y a su vez era lo más femenino que había visto después de Mía , eligió arrancar con cerveza importada y una picada, gin tonic, whisky y una indescriptible mezcla de alcohol de todas las formas y tamaños pasaron por nuestra mesa y de esa noche solo sé que me quedo grabada una frase.
“Extraño dormir acompañada”…

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