Sin haberme hecho a la idea fui al baño como siempre, cepillaba mis dientes cuando vi el reflejo de Maxi parada detrás de mí.
“voy a tomar una ducha” Musito inmutable y comenzó a desvestirse. Solo atine a salir de la habitación en silencio, algo intranquilo con el suceso, pero sin ningún tipo de alteración morfológica. Me metí a la cama un poco nervioso, era la primera noche de probablemente muchas otras. Recuerdo que solo atine a mirar al techo cuando la escuche salir del baño, llevaba puesta una musculosa blanca y una diminuta tanga, se metió bajo el acolchado y sentí la tibieza de su cuerpo recién bañado.
“ ¿Siempre te pones en pelotas delante de un extraño?”
“Ay, Pablo ¿Nunca viste un par de tetas? Acostumbrate, vas a verme seguido por acá, no te puede sorprender un cuerpo desnudo, mucho menos, después de haberlo traído a convivir con vos”
“Es que no me sorprende, Maxi, a lo sumo me incomoda ¿a vos?¿ te va a gustar que ande en pija delante tuyo?”
“Y no, la verdad me va a parecer grotesco, pero yo soy gay.”
“Torta o no torta, tenes unas tetas impresionantes, a lo mejor ahora no me generan nada, pero no sé, ponele en 6 meses cuando me sienta menos agobiado me vas a provocar erecciones a las que no vas a darle una solución”
“Bueno, prometo que no se va a repetir” Murmuro en la oscuridad y el silencio invadió la habitación.
Por extraño que pareciera en el fondo estaba nervioso, se estaba metiendo a mi cama una mujer diferente a la que había estado conmigo los últimos 5 años, pero ahí estaba ella. Debo admitir que la vista era agradable y sentir su tibieza bajo mi acolchado lo era aún más.
Nos mantuvimos en silencio en la oscuridad, hasta que la oí resoplar.
“¿Se te está dificultando conciliar el sueño?”
“Parece que no soy la única” Farfullo dándose vuelta hacia mi lado.
“Mía era igual, daba vueltas y si no podía dormir, encendía las luces y…”
“No vamos a tener sexo, Pablo.” Vocifero determinante. Largue la carcajada ante tan sorpresiva respuesta.
“Ella siempre fue todo para mí, no me la puedo sacar de la cabeza todavía…”
“¿Y Por qué se separaron? Si me queres contar ¿No?” preguntó encendiendo el velador y metiendo la cabeza bajo el acolchado “ ¿Cómo dormís vos? ¿Armas la cama alguna vez?”
“No suelo armar la cama, la hice por vos” Le conteste ayudándola a rastrear las sabanas. “En cuanto al ¿Por qué nos separamos? No, no me jode contarte. No, la verdad no puedo entender que fue lo que pasó, bah, si.. Ella es una mina muy activa, va, viene, reuniones, ensayo y eso no me jodía, la realidad es que así la había conocido y así la adoraba, esa mina significaba todo para mi, estaba por encima de todo y de todos…”
“Si, es un error muy común en un hombre enamorado, las mujeres somos iguales, acá está! Pablo, las sabanas van por encima de la almohada…”
“Si, ya sé. Me mande cualquiera es la falta de costumbre, en fin. Un día empezó a cursar para hacer un postgrado y dobles ensayos y reuniones de laburo con gente que yo no ubicaba y a la que no me quería presentar. A eso sumale las discusiones por pelotudeces, que llegaba tarde, apenas comía, se duchaba y se tiraba a dormir. Qué la intimidad se había convertido en algo casi utópico entre los dos ¿Entendes que la mina era fuego y de un día para el otro era el Capitán Frío? Y no sé bien que fue, pero se que me convertí en el ser más dependiente de la historia, todo hice por complacerla, todo para que ella no se alejara, todo… “
El tono de voz de Pablo, se volvió ahogado y tembloroso, trago saliva un par de veces, parecía estar recordando con detalles el día en que ella, se fue.
“Cinco años juntos y al final, era una completa desconocida… BOLUDA, LE PROPUSE MATRIMONIO A ESA MINA, YO LA QUERÍA PARA PASAR EL RESTO DE MIS DÍAS CON ELLA, QUERÍA QUE FUERA MADRE DE MIS HIJOS Y ASÍ, SIN MÁS, SE FUE Y SIENTO QUE SE CAGO EN TODO LO QUE HABÍAMOS COMPARTIDO, EMPEZÓ A ESQUIVARME, A MI! SU NOVIO DURANTE CINCO AÑOS ¿CÓMO MIERDA ESQUIVAS A ALGUIEN QUE AMASTE Y TE COGISTE 5 AÑOS? “
El tono de voz de Pablo, se había vuelto iracundo, ya no era tanta la tristeza, ahora era algo más parecido al resentimiento.
“¿Esquivándolo?” Me pregunto fijando sus enormes ojos negros en los míos. “Pablo, entiendo todas y cada una de las cosas que pasaste, pero no me preguntes obviedades, por favor. Supongo que cuando dejas de querer a alguien, ese alguien se transforma en una molestia, y al principio quizás te da pena y por eso no te vas, pero al final la molestia hace metástasis y terminas destruyendo al otro, eso me repito yo todas las noches desde hace 4 meses, es la única explicación que le encuentro a que nos hayan dejado con lo buenos que estamos. ”
Ella tenía la habilidad de cambiar el clima con tan solo un comentario y de la angustia al borde del llanto patético, pase a la sonrisa robada.
“Si fueras heterosexual, después de la escena que acabo de hacer ¿Me cogerías igual?”
“¿Y frustrarme porque todavía pensas en ella y no se te va a parar conmigo? Ni a p a l o s”
“Si, tenes razón. Eso es lo más probable. Gracias por escucharme, necesitaba dejar salir esto.”
“En lo que a mí respecta no escuche nada, estaba muy preocupada intentando sacar las sabanas de debajo de la almohadas”
Su respuesta era rotunda y completamente acertada, nos bancábamos y no hacía falta confirmarlo con palabras.
“¿Todavía no pudiste?”
“Nop, pero siento que con tu ayuda, algo vamos a lograr…"
lunes, 28 de abril de 2014
miércoles, 23 de abril de 2014
Raro, desde el principio. (Capitulo III)
Llegué a su departamento a la mañana siguiente. Pablo definitivamente se había lanzado al vacío sin paracaidas, ya que apenas llegué, me recibió dejandome sus llaves y diciendome "Instalate tranquila, que a mi se me hace tarde para ir a trabajar. Nos vemos a la noche". No podia creer lo que estaba haciendo, solia ser arriesgada con mis decisiones, pero esto me parecia demasiado. Sin embargo ya estaba ahi, asi que le pedi a los chicos del flete que me dieran una mano. Entre al departamento de Pablo, un lindo 4 ambientes ubicado en la zona de Belgrano R. A mi izquierda pude ver la entrada de su estudio y observe su enorme biblioteca, a la derecha la entrada de la cocina y un pasillo que se dirigía a la habitación, deje mis cajas esparcidas por todo el living y comencé a recorrerlo en la búsqueda de algún defecto y salvo la pila de platos en la cocina, síntoma de soltería, no le encontré ni uno solo.
Me dirigí a la habitación, vi la enorme cama que compartiría con él "Que haces Maxi? Vas a dormir con un tipo!" Si bien mi primer experiencia fue un flaco, ya habían pasado mas de 9 años desde la última vez que compartí mi cama con un chabon. Vi el placard, en que el ya me había hecho un amplio espacio. Todo olía a perfume, todo estaba ordenado, todo tenia su lugar. Me habia mudado con otra mujer. Afortunademente a las tres horas ya estaba practicamente mudada, solo me restaba lo más difícil, desarmar las cajas y dejar mi pasado con Lucia atras. Estaba en eso, cuando sonó el teléfono.
Esa mañana no pude ni desayuar ni pensar en otra cosa que no sea la loca propuesta que había hecho. Me bañe a duras penas y apesar que siempre elijo minusiosamente que ropa ponerme, me vestí con lo primero que encontré. Maxi llegó tarde, como era de esperar, así que lo único que pude hacer fue decirle que vivia en el 5° B, dejarle las llaves y salir corriendo a trabajar.
El día de laburo fue raro desde el principio, cuando caí en la idea de que le estaba dando el lugar a una desconocida para robarme lo que me quedaba de la escencia de Mia. Nadie más que su ausencia había ocupado ese espacio. Y ahora, despues de tanto tiempo, me habia determinado a darle ese lugar a una chica con mis mismas dolencias y con la que sabía que no iba a pasar nada.
Llegado un punto del mediodia, empecé a preocuparme y la llame. A la quinta llamada sin respuesta, decidí salir a buscarla.
Al no sentir la mi casa, preferí no atender ninguno de los insistentes llamados. Me quedé expectante ante cada caja a desarmar. Sabia que Lucia iba a estar presente en cada detalle, en cada perfume o ropa que sacara de esas benditas cajas. El nudo en la garganta y las lágrimas no tardaron en aparecer. En un arrebato de pasión, se me cruzó por la cabeza llamarla y decirle que todo lo que nos había pasado era un error. Que nos perteneciamos mutuamente y que no podiamos vivir separadas, pero no lo hice. Afortundamente el orgullo sirvió para apuntalar la decisión que estaba tomando, esa de venirme a vivir con un extraño. Pablo.
Apure el paso al no obtener respuesta, de hecho, pensé lo peor. No la conocía y cabía la posibilidad de que hubiese cometido el terrible error de meter en mi casa a una ladrona. Si, el prejuicio que siempre asaltaba a mi mente inquieta. Entre corriendo al edificio, ni siquiera salude al portero. Subi al ascensor piso uno, piso dos, piso tres, en ese espacio entre un piso y otro el tiempo se hacia eterno. Abrí la puerta apresurado, una caja me dificulto la entrada “Maxi ¿Estás ahí?” No me respondió, insistí “¿MAXIMA, ME OÍS?” Empuje con fuerza la puerta y me encontré con una imagen insospechada, ella sentada en medio del living como un chico rodeado de juguetes, sumida en la lectura de un libro del que no podía ver el titulo.
“Pablo! Llegaste. Alguien llamo insistentemente pero no atendí porque no daba”
“Si, fui yo, por eso vine porque no me atendías. Que lees? “
"Nada, un libro que me regalo Lucia" me dijo mientras lo guardaba rapidamente como quien oculta un tesoro.
"Ya que estoy acá, queres que te ayude a acomodar?"
"SI, dale, es que me colgué con algunas cosas y no hice casi nada"
Empezamos a organizar, me puso nervioso su desorden y la facilidad que tenia para desacomodar toda la casa. Nos llevo horas llegar a un acuerdo sobre los espacios. Entonces pasamos a la peor parte, nuestra habitación. "Que raro volver a decir ´nuestra´ habitación, cuando hace tanto que estoy solo" pensé. Le cedí una parte importante de mi placard. "Mi placard", sitio casi sagrado para mi. Creo que ni a Mia le había dando tanto espacio como a ella.
Terminamos muy tarde esa noche. Ni siquiera comimos. Fuimos derecho a dormir.
lunes, 14 de abril de 2014
Sin paracaídas (Capítulo II)
A la mañana siguiente desperté confundido, resacoso y completamente seguro de que había compartido la cama. Mire a mi rededor y vi nuestra ropa esparcida sobre el piso, trague saliva preocupado “¿Qué mierda hice?”
Me levanté y aun saber en dónde estaba caminé medio dormido y desorientado por un pasillo no muy largo atraído por el sonido de una música rara y llegué hasta la cocina. Ahí estaba ella, llevaba puesta mi camisa, sus piernas largas, su culo hermoso, descalza y con el pelo suelto. Cualquier otro tipo se sentiría afortunado, excitado y hasta orgulloso de haberse cogido a una chica gay. Después de todo, esa fantasía pasa por la cabeza de cualquier hombre de este planeta. Pero no de la mía, no. Porque soy tan pelotudo que sentía que había profanado el recuerdo hermoso de la última noche con Mía, porque a pesar de no estar con ella, sentía que la traicionaba, estaba claro, no podía superarla.
“Buenos días” Vocifero con una sonrisa maravillosa. Dios, me sentía un eunuco, ella era una fiesta y yo lo único que sentía era culpa y deseos de explicarle que lo que paso fue un error.
“Buenos días, Máxima.” Ella me miró y se acerco de la forma más sensual posible, los tres primeros botones de la camisa desabrochados me dejaban ver sus pechos hermosos asomándose y aún así no sentía ningún tipo de excitación. Entonces sentí su aliento en mi oído, tibio, dulce:
“Vi como me estás mirando y quiero decirte que no, no cogimos. Quedate tranquilo. Estábamos tan borrachos que en un momento de lucidez te traje a casa. Ni te acordabas donde vivias“ Deje salir el aire que había estado conteniendo abruptamente y ella largo una carcajada.
“Por favor Pablo! Si bien estoy muy buena, no dejo de ser gay. Todavía no sentí el frío suficiente como para cogerme a un paki en una noche de alcohol”
“¿Sos consciente de que me estás haciendo quedar como un boludo, no? “
“Si, pero me gusta.” Desayunamos en silencio por largo rato hasta que ella volvió a farfullar
“Mirá la hora que es, esas cajas no se van a armar solas.”
“¿Cajas? ¿Te mudas?” Supuse.
“No, en realidad mi hobby es armar cajas para volver a desarmarlas, además me encanta que mi casa sea un quilombo, soy pura diversión. Si, boludo, me tengo que mudar antes de que Lucia vuelva. Si por mi fuera ni volvería a este departamento, no soporto el silencio, no soporto dormir sola en esa enorme cama, pero no me queda otra. Así que voy a mudarme.”
En ese momento, me quede atónito por un segundo, me di cuenta que quede como un tarado preguntando esa obviedad, pero a la vez no esperaba esa clase de respuesta de ella, claramente, empezaba a conocerla.
"Uh, si perdona mi boludez, estoy borracho y algo dormido. Todavía mi cerebro no conecta con el resto del cuerpo"
En ese momento empecé a unir cabos, me acorde de la moto, la relacione con Lucia y le pregunté:
“¿Lucia? Por casualidad es Lucia Montalvo?” La cara de Maxi se desdibujo fijando su mirada en mi persona, trago saliva y se mordió el labio.
“¿La conoces?”
“Si, trabaja en la parte de contabilidad del Buffet de abogados del cual soy parte. O sea,para! vos sos la Maxi que nos presento a Mía y a mí como ‘amiga’ ?” Nunca sabia cuando callarme, me dolía tanto la cabeza mientras hablaba que ni siquiera note que los ojos de Maxi se habían puesto vidriosos. Ella no quería hablar del tema y yo, yo a veces soy verborragico.
“Servite Pablo, debes estar resacoso” Me interrumpió pasándome un vaso con un efervescente y un analgésico.
“Ah, si. Gracias”
“Si, es que estabas tan borracho que no me diste tiempo de hidratarte antes de que te duermas.” Sonrío dejando ver sus perfectos dientes perlados. “Me voy a quedar con esta camisa y cuando la lave te la devuelvo” Me advirtió oliendo el perfume. Esa camisa me la había regalado Mía, le había salido 100 dólares en un viaje que había hecho a Nueva York. Pero no me podía negar, estaba bastante sucia. Estoy seguro de que mi cara decía no, pero mi boca era amable y no se negaba.
“Okey…” vocifere “Y ¿ya tenes donde mudarte?”
“Por el momento voy a lo de una amiga. Es difícil conseguir depto rápido” Respondió dirigiéndose a la habitación “Pablo ¿Qué talla sos? Porque por muy trabajado que tengas el cuerpo, no podes andar en pelotas por la calle.”
“M” conteste con la voz casi tomada. En mi cabeza había empezado a formarse una maravillosa pero loca, muy loca idea desde que me dijo que se tenia que mudar. Me levante de la mesa y me dirigí a su habitación tratando de recordar el camino “Anoche me dijiste que ‘Extrañabas dormir acompañada’ y me pasa lo mismo. Y vos, vos sos torta y yo estoy muy deprimido como para calentarme con vos, pensé ¿Por qué no te mudas a mi departamento y compartimos la cama?”
Si, era una locura, podía llegar a ofenderla, podía haberme echado a patadas de ahí, pero tenía que hacerlo, tenía que proponérselo. Apenas nos conocíamos, podía estar metiendo a una psicótica a mi departamento, pero extrañaba tanto sentir el calor de alguien más acompañándome en la cama. Máxima no emitió sonido, saco la camisa del perchero, se acerco
“Date vuelta” siguió sin responder a mi propuesta “Si, esta te va a ir bien” el silencio era vandálico “vestite ya, me tenes que ayudar a armar las cajas. Acepto tu propuesta, sin sexo, soy lesbiana no te olvides. No quiero que pienses cosas raras a la noche, okey?”
Era una locura, le estaba diciendo que si a una propuesta de un pibe que a duras penas conocía. Si, habíamos compartido unas cervezas la noche anterior, un par de penas en común y ninguno de los dos estaba de ánimos para relacionarse con otra persona que no fueran nuestras ex. Estábamos apunto de lanzarnos al vació y sin paracaídas.
Me levanté y aun saber en dónde estaba caminé medio dormido y desorientado por un pasillo no muy largo atraído por el sonido de una música rara y llegué hasta la cocina. Ahí estaba ella, llevaba puesta mi camisa, sus piernas largas, su culo hermoso, descalza y con el pelo suelto. Cualquier otro tipo se sentiría afortunado, excitado y hasta orgulloso de haberse cogido a una chica gay. Después de todo, esa fantasía pasa por la cabeza de cualquier hombre de este planeta. Pero no de la mía, no. Porque soy tan pelotudo que sentía que había profanado el recuerdo hermoso de la última noche con Mía, porque a pesar de no estar con ella, sentía que la traicionaba, estaba claro, no podía superarla.
“Buenos días” Vocifero con una sonrisa maravillosa. Dios, me sentía un eunuco, ella era una fiesta y yo lo único que sentía era culpa y deseos de explicarle que lo que paso fue un error.
“Buenos días, Máxima.” Ella me miró y se acerco de la forma más sensual posible, los tres primeros botones de la camisa desabrochados me dejaban ver sus pechos hermosos asomándose y aún así no sentía ningún tipo de excitación. Entonces sentí su aliento en mi oído, tibio, dulce:
“Vi como me estás mirando y quiero decirte que no, no cogimos. Quedate tranquilo. Estábamos tan borrachos que en un momento de lucidez te traje a casa. Ni te acordabas donde vivias“ Deje salir el aire que había estado conteniendo abruptamente y ella largo una carcajada.
“Por favor Pablo! Si bien estoy muy buena, no dejo de ser gay. Todavía no sentí el frío suficiente como para cogerme a un paki en una noche de alcohol”
“¿Sos consciente de que me estás haciendo quedar como un boludo, no? “
“Si, pero me gusta.” Desayunamos en silencio por largo rato hasta que ella volvió a farfullar
“Mirá la hora que es, esas cajas no se van a armar solas.”
“¿Cajas? ¿Te mudas?” Supuse.
“No, en realidad mi hobby es armar cajas para volver a desarmarlas, además me encanta que mi casa sea un quilombo, soy pura diversión. Si, boludo, me tengo que mudar antes de que Lucia vuelva. Si por mi fuera ni volvería a este departamento, no soporto el silencio, no soporto dormir sola en esa enorme cama, pero no me queda otra. Así que voy a mudarme.”
En ese momento, me quede atónito por un segundo, me di cuenta que quede como un tarado preguntando esa obviedad, pero a la vez no esperaba esa clase de respuesta de ella, claramente, empezaba a conocerla.
"Uh, si perdona mi boludez, estoy borracho y algo dormido. Todavía mi cerebro no conecta con el resto del cuerpo"
En ese momento empecé a unir cabos, me acorde de la moto, la relacione con Lucia y le pregunté:
“¿Lucia? Por casualidad es Lucia Montalvo?” La cara de Maxi se desdibujo fijando su mirada en mi persona, trago saliva y se mordió el labio.
“¿La conoces?”
“Si, trabaja en la parte de contabilidad del Buffet de abogados del cual soy parte. O sea,para! vos sos la Maxi que nos presento a Mía y a mí como ‘amiga’ ?” Nunca sabia cuando callarme, me dolía tanto la cabeza mientras hablaba que ni siquiera note que los ojos de Maxi se habían puesto vidriosos. Ella no quería hablar del tema y yo, yo a veces soy verborragico.
“Servite Pablo, debes estar resacoso” Me interrumpió pasándome un vaso con un efervescente y un analgésico.
“Ah, si. Gracias”
“Si, es que estabas tan borracho que no me diste tiempo de hidratarte antes de que te duermas.” Sonrío dejando ver sus perfectos dientes perlados. “Me voy a quedar con esta camisa y cuando la lave te la devuelvo” Me advirtió oliendo el perfume. Esa camisa me la había regalado Mía, le había salido 100 dólares en un viaje que había hecho a Nueva York. Pero no me podía negar, estaba bastante sucia. Estoy seguro de que mi cara decía no, pero mi boca era amable y no se negaba.
“Okey…” vocifere “Y ¿ya tenes donde mudarte?”
“Por el momento voy a lo de una amiga. Es difícil conseguir depto rápido” Respondió dirigiéndose a la habitación “Pablo ¿Qué talla sos? Porque por muy trabajado que tengas el cuerpo, no podes andar en pelotas por la calle.”
“M” conteste con la voz casi tomada. En mi cabeza había empezado a formarse una maravillosa pero loca, muy loca idea desde que me dijo que se tenia que mudar. Me levante de la mesa y me dirigí a su habitación tratando de recordar el camino “Anoche me dijiste que ‘Extrañabas dormir acompañada’ y me pasa lo mismo. Y vos, vos sos torta y yo estoy muy deprimido como para calentarme con vos, pensé ¿Por qué no te mudas a mi departamento y compartimos la cama?”
Si, era una locura, podía llegar a ofenderla, podía haberme echado a patadas de ahí, pero tenía que hacerlo, tenía que proponérselo. Apenas nos conocíamos, podía estar metiendo a una psicótica a mi departamento, pero extrañaba tanto sentir el calor de alguien más acompañándome en la cama. Máxima no emitió sonido, saco la camisa del perchero, se acerco
“Date vuelta” siguió sin responder a mi propuesta “Si, esta te va a ir bien” el silencio era vandálico “vestite ya, me tenes que ayudar a armar las cajas. Acepto tu propuesta, sin sexo, soy lesbiana no te olvides. No quiero que pienses cosas raras a la noche, okey?”
Era una locura, le estaba diciendo que si a una propuesta de un pibe que a duras penas conocía. Si, habíamos compartido unas cervezas la noche anterior, un par de penas en común y ninguno de los dos estaba de ánimos para relacionarse con otra persona que no fueran nuestras ex. Estábamos apunto de lanzarnos al vació y sin paracaídas.
lunes, 7 de abril de 2014
Paralelos (Capitulo I)
22 de Enero de 2014 fue una de las fechas más importantes en mi vida, esa noche anunciamos frente a toda la familia nuestro compromiso con Mía, mi novia desde hacía 5 años, ella era el centro de todo mi universo, su carrera de abogacía era un éxito, además de ser ella una grandiosa bailarina y de tener todo lo que siempre quise de una mujer, lo recuerdo con toda la claridad del mundo porque estaba emocionado por la decisión que había tomado, me iba a casar con la mujer más maravillosa del mundo, todos nuestros amigos veían con buenos ojos este matrimonio y lo principal, mi familia muy del Opus Dei, aprobaba de forma absoluta esta futura unión.
Ah, mi nombre es Pablo, tengo 28 años, soy abogado, deportista, bastante nerdo, mi libro favorito “Una caja. Sin piel, flotando" de Eva Petric, además de tener una enorme biblioteca en varios idiomas distintos, siempre prefiero leer los libros en su versión original porque tengo la idea de que se pierde mucho de la belleza de las palabras en la traducción. En fin, ya es mucho de mí, como les contaba estaba muy feliz, veía sonreír a Mía y me sentía completo. Era la fiesta que los dos habíamos soñado. Nuestras familias juntas, felices por nuestro compromiso. No podía pedir más, la mujer que amo, haciéndome feliz y coincidiendo en todas las decisiones que tomamos. Estaba viviendo una época de ensueños. Al final de la velada, después de todos los aplausos y deseos de felicidad por parte de nuestros amigos y familiares, cuando todos se fueron despidiendo.
“La pareja de Lucia, la vino a buscar. Vamos, quiero conocerlo.” Murmuro en mi oído Mía. Sentir su aliento cerca me volvía loco, tanto como la primera vez que la vi. Decidí seguirle la corriente, me arrastro por la pista del salón hasta la entrada, una vez que se le metía algo a la cabeza no paraba hasta conseguirlo, hoy su meta era conocer a la pareja de Lucia, la contadora de la empresa en la que trabajábamos. La verdad no se que esperaba encontrar, nunca supe bien los gustos de Lucia en cuanto a hombres. Siempre fue muy reservada con su vida personal.
“Ah, es un motoquero, no entiendo a las mujeres que gustan de esos reos” pensé. Si, prejuzgue, es un defecto que tengo demasiado arraigado. Mía se río fuerte y me pellizco por lo bajo, Lucia volteo al escuchar el murmullo, el motoquero en la Harley se saco el casco.
Para nuestra sorpresa, no era un hombre. Me llamo la atención por un segundo, hasta que nos la presento.
"Ella es mi amiga, Máxima" nos dijo, y respiramos aliviados.
“Un placer” musito y extendió su mano para saludarnos. Llovía torrencialmente así que fue difícil verla con claridad. Lucia se despidió y subió a la moto que arranco a toda velocidad.
“¿Viste como te miraba?”
“¿De qué hablas Pablo?”
“La motoquera, quedo boluda con vos, elegí bien...” le dije sonriendo. Mía sonrío y me beso.
"¿Qué te pasa boluda, por qué me presentaste como tu amiga?"
"No te enojes amor, pasa que ellos no saben de nosotros, son muy conservadores. Aparte Pablo es un compañero de trabajo. En serio, no te enojes, no quiero que empiecen a hablar boludeces de mi o de nosotros y menos en el laburo"
Había pasado un mes desde aquel evento, en la oficina corría como reguero de pólvora que Lucia de contaduría se había separado de su pareja e iba a pedir licencia para adelantar un viaje que tenía planeado hace tiempo.
Esa tarde me cruce con la mirada triste de Lucia y pensé “Que afortunado soy de tener a Mía”
Sin embargo, con el pasar de los días, Mía había puesto una distancia considerable entre nosotros. Su carrera estaba en su punto más alto y bailar se había puesto en segundo lugar. Las discusiones sobre los casos que nos tocaban se habían vuelto algo frecuente y cada día era menos el tiempo que compartíamos. Comenzó a mostrarse indiferente ante mis intenciones de intimidad. Ella era fría y metódica, así era como resolvía las cosas, así que no fue difícil ver venir el final de esta relación decidido por ella.
Se sentó ahí, frente a mí con sus piernas de bailaría, largas y torneadas, su cabello castaño y sus enormes ojos negros, pestañas arqueadas, su cintura perfecta, pechos hermosos, era toda una escultura. Hermosa, inteligente, flexible, determinada y deseosa de libertad. Por un instante paso por mi cabeza el negarme a su pedido, rogarle con todas mis fuerzas que no salga por esa puerta, pero a simple vista las cosas estaban mal, muy mal, ya no podíamos dirigirnos al otro sin sentir la agresión en el aire. En más de una ocasión me llame a silencio para evitar las discusiones, me adapte a sus pedidos, me arrastre para complacerla y no sirvió de nada, ella había tomado una decisión: Irse para nunca más volver. Y ante su determinación, no había nada que yo pudiese hacer. Así era ella, si algo se terminaba, así permanecía.
En las primeras noches sin Mia, sentí el frío que genera una ausencia, llore, me enoje, la llame, le escribí mails y no sabría decir cuántas cosas más hice en nombre de la desesperación por saber si había chances de que regresara pero no…
Para poder sostenerme en pie, comencé a cubrir los huecos que hacían que se notara su ausencia con horas de gimnasio, trabajo extra, eventos con amigos y así llego el mes numero tres.
Alejandro, mi mejor amigo organizo una “joda” con el fin de someterme a uno de sus experimentos. Teóricamente iba a presentarme a una señorita porque según él, necesitaba volver a coger.
“No entiendo esa necesidad de someterte al celibato porque tenes la absurda esperanza de que Mía vaya a volver. Pensalo así, le propusiste matrimonio y al mes termino con la relación”
Pero claro, Alejandro, nunca había estado enamorado y mucho menos podría haber tenido chances de que una mina como Mía le de bola. ¿Cómo podía entender mi dolor?
El departamento de Alejandro, estaba repleto de gente. La música bramaba por todas partes, corría el alcohol de una forma descarada y sin embargo, lo único que podía sentir era un vacío profundo imaginando como bailaría Mía, con su culo hermoso contoneándose en medio de la pista.
Busque el momento adecuado para esconderme, y ahí fue cuando la vi. Estaba sentada en el balcón, su pelo negro con una cola de caballo, camisa de jean, musculosa con la inscripción “Jacks Daniel” Jean azul desgastado en las rodillas, botas de montar, ojos negros, enormes, cejas gruesas pero perfectamente esculpidas, nariz fina y alargada, labios carnosos, completamente besables. En sus manos sostenía un porrón de cerveza la de la botella verde, los pies sobre la baranda del balcón, la mirada perdida en los edificios que lograban verse desde el 9no piso.
“¿Vos también te estás escapando de Alejandro?” musito dejando salir de su boca una voz grave
“eh? No, si, no… Algo así. Es que Ale, me quiere presentar una flaca. “
“¿Una flaca? Si, a mi también…” Miró hacia la calle mientras se mandaba un trago de cerveza.
“¿Hace cuanto que estás sólo?”
“4 meses” Respondí sentándome en una banqueta cerca de ella ”¿Tanto se me nota?” Murmure tomando un trago largo. Ella me miro y sonriendo dijo.
“Esa barba no tiene arreglo desde hace por lo menos 1 mes, viniste de camisa a la fiesta, o sea que tuviste horas extras de laburo porque estás cubriendo los huecos que dejan su ausencia. No te sentís listo para encamarte con nadie, pero lo pensaste, por eso estás acá. Los ojos verdes los tenes un toque irritados , si no la lloras todas las noches, le pego en el palo. Estás sólo hace34 meses y llevas puesto todavía el anillo de compromiso, lo que significa que te ibas a casar con ella, planeabas tener hijitos y bautizarlos todos en la misma iglesia donde te bautizaron a vos, tu mamá la adoraba, tu familia aprobaba el matrimonio, el problema era ella que no estaba lista para ese compromiso porque uno nunca es suficiente para ellas, ellas siempre. Aspiran a más y no se hacen cargo de que dejan corazones sangrando en el camino.”La mire fijo. Cuando termino de hablar trago saliva y suspiro con pesar, entonces supe que era el fiel reflejo de un espejo para ella.
“¿Cuanto hace que te dejo?”
“4 meses”
“Soy Pablo, un gusto” estreche su mano, era tibia y delicada, llevaba un anillo con la inicial “L”. Me miro y casi en un susurro respondió.
“Soy Máxima Guevara , pero los pibes me dicen Maxi, el gusto es mío, me gusta tu barba” dijo y me acaricio el mentón. “Si fuera paki, ya te hubiese chapado”
“¿Paki?”
“Heterosexual. Pablo, heterosexual” Me aclaro sonriendo.”Mierda, se me termino la birra y si voy a buscar otra, Alejandro, me va a encajar a alguna de sus amigas, te animas a ir a tomar algo conmigo en un bar?”
“4 meses” Le respondí, en mis 25 años, jamás había mirado con tanto detalle a un hombre, pero él se veía lindo. En ese momento llevaba puesto un pantalón de vestir, camisa celeste muy clarita y zapatos. A simple vista notabas que todo era de marca. Tenía un reloj acorde a la vestimenta. Era alto al menos 1,85 de altura, parecía tener un físico trabajado bajo ese aspecto de oficinista burócrata. Sus ojos eran verdes y pelo castaño claro, en ese momento lo llevaba corto con una barba bastante desprolija y abundante. En su antebrazo derecho se podía ver un tatuaje que no logre distinguir en ese instante.
“Soy Pablo, un gusto” estrecho mi mano. Su voz tenía un tono muy de chico de zona norte, sus manos eran tibias y delicadas, todavía llevaba el anillo de compromiso puesto. Me daba vergüenza que sintiera las mías, éstas manos que tenían cierta aspereza debido a la elección que había hecho de manejar motos para vivir. El tenia un perfume muy familiar para mi, pero no podía ser, Lucia jamás se pondría un perfume de hombre. Mis sentidos se activaron y el corazón se me acelero un instante, que impactante son los aromas a la hora de recordarnos cosas.
No lo dude y cuando menos lo esperaba iba montado detrás de ella en aquella enorme Harley, paramos en un Pub Irlandés en la zona de Retiro , ella tenía atisbos de masculinidad y a su vez era lo más femenino que había visto después de Mía , eligió arrancar con cerveza importada y una picada, gin tonic, whisky y una indescriptible mezcla de alcohol de todas las formas y tamaños pasaron por nuestra mesa y de esa noche solo sé que me quedo grabada una frase.
“Extraño dormir acompañada”…
Ah, mi nombre es Pablo, tengo 28 años, soy abogado, deportista, bastante nerdo, mi libro favorito “Una caja. Sin piel, flotando" de Eva Petric, además de tener una enorme biblioteca en varios idiomas distintos, siempre prefiero leer los libros en su versión original porque tengo la idea de que se pierde mucho de la belleza de las palabras en la traducción. En fin, ya es mucho de mí, como les contaba estaba muy feliz, veía sonreír a Mía y me sentía completo. Era la fiesta que los dos habíamos soñado. Nuestras familias juntas, felices por nuestro compromiso. No podía pedir más, la mujer que amo, haciéndome feliz y coincidiendo en todas las decisiones que tomamos. Estaba viviendo una época de ensueños. Al final de la velada, después de todos los aplausos y deseos de felicidad por parte de nuestros amigos y familiares, cuando todos se fueron despidiendo.
“La pareja de Lucia, la vino a buscar. Vamos, quiero conocerlo.” Murmuro en mi oído Mía. Sentir su aliento cerca me volvía loco, tanto como la primera vez que la vi. Decidí seguirle la corriente, me arrastro por la pista del salón hasta la entrada, una vez que se le metía algo a la cabeza no paraba hasta conseguirlo, hoy su meta era conocer a la pareja de Lucia, la contadora de la empresa en la que trabajábamos. La verdad no se que esperaba encontrar, nunca supe bien los gustos de Lucia en cuanto a hombres. Siempre fue muy reservada con su vida personal.
“Ah, es un motoquero, no entiendo a las mujeres que gustan de esos reos” pensé. Si, prejuzgue, es un defecto que tengo demasiado arraigado. Mía se río fuerte y me pellizco por lo bajo, Lucia volteo al escuchar el murmullo, el motoquero en la Harley se saco el casco.
Para nuestra sorpresa, no era un hombre. Me llamo la atención por un segundo, hasta que nos la presento.
"Ella es mi amiga, Máxima" nos dijo, y respiramos aliviados.
“Un placer” musito y extendió su mano para saludarnos. Llovía torrencialmente así que fue difícil verla con claridad. Lucia se despidió y subió a la moto que arranco a toda velocidad.
“¿Viste como te miraba?”
“¿De qué hablas Pablo?”
“La motoquera, quedo boluda con vos, elegí bien...” le dije sonriendo. Mía sonrío y me beso.
"¿Qué te pasa boluda, por qué me presentaste como tu amiga?"
"No te enojes amor, pasa que ellos no saben de nosotros, son muy conservadores. Aparte Pablo es un compañero de trabajo. En serio, no te enojes, no quiero que empiecen a hablar boludeces de mi o de nosotros y menos en el laburo"
Había pasado un mes desde aquel evento, en la oficina corría como reguero de pólvora que Lucia de contaduría se había separado de su pareja e iba a pedir licencia para adelantar un viaje que tenía planeado hace tiempo.
Esa tarde me cruce con la mirada triste de Lucia y pensé “Que afortunado soy de tener a Mía”
Se sentó ahí, frente a mí con sus piernas de bailaría, largas y torneadas, su cabello castaño y sus enormes ojos negros, pestañas arqueadas, su cintura perfecta, pechos hermosos, era toda una escultura. Hermosa, inteligente, flexible, determinada y deseosa de libertad. Por un instante paso por mi cabeza el negarme a su pedido, rogarle con todas mis fuerzas que no salga por esa puerta, pero a simple vista las cosas estaban mal, muy mal, ya no podíamos dirigirnos al otro sin sentir la agresión en el aire. En más de una ocasión me llame a silencio para evitar las discusiones, me adapte a sus pedidos, me arrastre para complacerla y no sirvió de nada, ella había tomado una decisión: Irse para nunca más volver. Y ante su determinación, no había nada que yo pudiese hacer. Así era ella, si algo se terminaba, así permanecía.
En las primeras noches sin Mia, sentí el frío que genera una ausencia, llore, me enoje, la llame, le escribí mails y no sabría decir cuántas cosas más hice en nombre de la desesperación por saber si había chances de que regresara pero no…
Para poder sostenerme en pie, comencé a cubrir los huecos que hacían que se notara su ausencia con horas de gimnasio, trabajo extra, eventos con amigos y así llego el mes numero tres.
Alejandro, mi mejor amigo organizo una “joda” con el fin de someterme a uno de sus experimentos. Teóricamente iba a presentarme a una señorita porque según él, necesitaba volver a coger.
“No entiendo esa necesidad de someterte al celibato porque tenes la absurda esperanza de que Mía vaya a volver. Pensalo así, le propusiste matrimonio y al mes termino con la relación”
Pero claro, Alejandro, nunca había estado enamorado y mucho menos podría haber tenido chances de que una mina como Mía le de bola. ¿Cómo podía entender mi dolor?
El departamento de Alejandro, estaba repleto de gente. La música bramaba por todas partes, corría el alcohol de una forma descarada y sin embargo, lo único que podía sentir era un vacío profundo imaginando como bailaría Mía, con su culo hermoso contoneándose en medio de la pista.
Busque el momento adecuado para esconderme, y ahí fue cuando la vi. Estaba sentada en el balcón, su pelo negro con una cola de caballo, camisa de jean, musculosa con la inscripción “Jacks Daniel” Jean azul desgastado en las rodillas, botas de montar, ojos negros, enormes, cejas gruesas pero perfectamente esculpidas, nariz fina y alargada, labios carnosos, completamente besables. En sus manos sostenía un porrón de cerveza la de la botella verde, los pies sobre la baranda del balcón, la mirada perdida en los edificios que lograban verse desde el 9no piso.
“¿Vos también te estás escapando de Alejandro?” musito dejando salir de su boca una voz grave
“eh? No, si, no… Algo así. Es que Ale, me quiere presentar una flaca. “
“¿Una flaca? Si, a mi también…” Miró hacia la calle mientras se mandaba un trago de cerveza.
“¿Hace cuanto que estás sólo?”
“4 meses” Respondí sentándome en una banqueta cerca de ella ”¿Tanto se me nota?” Murmure tomando un trago largo. Ella me miro y sonriendo dijo.
“Esa barba no tiene arreglo desde hace por lo menos 1 mes, viniste de camisa a la fiesta, o sea que tuviste horas extras de laburo porque estás cubriendo los huecos que dejan su ausencia. No te sentís listo para encamarte con nadie, pero lo pensaste, por eso estás acá. Los ojos verdes los tenes un toque irritados , si no la lloras todas las noches, le pego en el palo. Estás sólo hace34 meses y llevas puesto todavía el anillo de compromiso, lo que significa que te ibas a casar con ella, planeabas tener hijitos y bautizarlos todos en la misma iglesia donde te bautizaron a vos, tu mamá la adoraba, tu familia aprobaba el matrimonio, el problema era ella que no estaba lista para ese compromiso porque uno nunca es suficiente para ellas, ellas siempre. Aspiran a más y no se hacen cargo de que dejan corazones sangrando en el camino.”La mire fijo. Cuando termino de hablar trago saliva y suspiro con pesar, entonces supe que era el fiel reflejo de un espejo para ella.
“¿Cuanto hace que te dejo?”
“4 meses”
“Soy Pablo, un gusto” estreche su mano, era tibia y delicada, llevaba un anillo con la inicial “L”. Me miro y casi en un susurro respondió.
“Soy Máxima Guevara , pero los pibes me dicen Maxi, el gusto es mío, me gusta tu barba” dijo y me acaricio el mentón. “Si fuera paki, ya te hubiese chapado”
“¿Paki?”
“Heterosexual. Pablo, heterosexual” Me aclaro sonriendo.”Mierda, se me termino la birra y si voy a buscar otra, Alejandro, me va a encajar a alguna de sus amigas, te animas a ir a tomar algo conmigo en un bar?”
“4 meses” Le respondí, en mis 25 años, jamás había mirado con tanto detalle a un hombre, pero él se veía lindo. En ese momento llevaba puesto un pantalón de vestir, camisa celeste muy clarita y zapatos. A simple vista notabas que todo era de marca. Tenía un reloj acorde a la vestimenta. Era alto al menos 1,85 de altura, parecía tener un físico trabajado bajo ese aspecto de oficinista burócrata. Sus ojos eran verdes y pelo castaño claro, en ese momento lo llevaba corto con una barba bastante desprolija y abundante. En su antebrazo derecho se podía ver un tatuaje que no logre distinguir en ese instante.
“Soy Pablo, un gusto” estrecho mi mano. Su voz tenía un tono muy de chico de zona norte, sus manos eran tibias y delicadas, todavía llevaba el anillo de compromiso puesto. Me daba vergüenza que sintiera las mías, éstas manos que tenían cierta aspereza debido a la elección que había hecho de manejar motos para vivir. El tenia un perfume muy familiar para mi, pero no podía ser, Lucia jamás se pondría un perfume de hombre. Mis sentidos se activaron y el corazón se me acelero un instante, que impactante son los aromas a la hora de recordarnos cosas.
No lo dude y cuando menos lo esperaba iba montado detrás de ella en aquella enorme Harley, paramos en un Pub Irlandés en la zona de Retiro , ella tenía atisbos de masculinidad y a su vez era lo más femenino que había visto después de Mía , eligió arrancar con cerveza importada y una picada, gin tonic, whisky y una indescriptible mezcla de alcohol de todas las formas y tamaños pasaron por nuestra mesa y de esa noche solo sé que me quedo grabada una frase.
“Extraño dormir acompañada”…
