lunes, 7 de julio de 2014
Experimento (Capitulo IV)
Máxima llegó de trabajar cargada de bolsas. Notó los restos de vidrios rotos en la puerta del ascensor. El silencio, las luces bajas y los gritos que daba Pablo mientras hablaba por teléfono eran una clara señal de su mal humor.
“El horno no está para bollos” pensó y llevo sus bolsas a la cocina. Abrió una cerveza y se sentó sobre la mesada mirando por la ventana.
-Ah, llegaste.- Dijo Pablo yendo directo a la heladera – y trajiste cervezas. Bien, necesitaba una.-
-Pasó algo, Pablo?- Preguntó Máxima señalando con la mirada hacia al termo roto sobre la mesada.
-Si, se me cayó cuando laburaba en el living.
-Se te cayó contra la puerta del ascensor tambien? Cuantos termos tenias?
-¿Quién sos? ¿El FBI? ¿Tanto indagas?- Respondió alterado Pablo.
-¡Uy! Cualquiera diría que estás menstruando.
-Tengo mucho laburo. Laburo que no te incumbe. Dejá de interrogarme.- Respondió cerrando con fuerza la puerta de la heladera.
-Okey… No dije nada… Voy a bajar a comprar caramelos. Espero que cuando vuelva estés de mejor humor.- Máxima había aprendido a lidiar con el humor cambiante de Pablo, así que una hora después regresó. Pablo ya estaba metido en la cama.
-¿Ya en la cama? Son apenas las 21:30, bueno, si seguís de malas me vas a tener que aguantar porque prepare un omelette de Jamón y queso enorme que pienso comerme con una cerveza en la cama, en mi lado de tu cama y no te pienso convidar.
-No! En la cama no sé come no te atrevas.- Advirtió Pablo, pero ya era demasiado tarde, Máxima se había sentado con su omelette y su cerveza en la cama y había encendido el televisor para acompañar.
-Mmmm, Que rico omelette que me prepare y no le pienso convidar a ningún malhumorado en esta cama.
-Vas a dejar la cama sucia y con olor a comida, te lo pido por favor anda a comer a la cocina.
-No papuh, olvídate yo como donde quiero y si me haces una sonrisita, te convido. - Pablo la miró e inevitablemente sonrió. – Que lindo que sos cuando sonreís. Ahí viene el avioncito! A ver como come el nene!
-Basta, negra, no soy un bebé.- Contesto sin dejar de sonreír
-¿Qué te tiene de mal humor? ¿No me pensas contar?
-Discutí con Alejandro porque hizo un comentario fuera de lugar y discutí fuerte, me mando a la mierda y se fue, rompí el termo porque no lo quise romper a él.
-Y ¿Por qué discutieron?- Pablo se quedo en silencio observándola pinchar con el tenedor otra porción del omelette y sintió que lo mejor era una mentira blanca.
- Por laburo. A veces es un pelotudo.
- Mañana llámalo y háblenlo, es tu socio no? No da que se peleen.
-¿Qué sos? ¿Mi novia? Dios Máxima, cálmate un poco.- Ella sonrió y cambio el tema.
-¿Sabés qué extraño?
-No ¿Qué? Pablo había acomodado su cabeza en el muslo de Maxi que seguía dándole de comer como a un nene.
-Chapar… Déjame probar algo. Vocifero Maxi, sentándose sobre las piernas de Pablo.
-¿Qué? ¿Qué pensas ha…- Musito Pablo y sintió la presión de los labios de Máxima sobre los suyos. Por un momento se dejo llevar, inesperadamente saboreo ese beso, lo sintió distinto, ella era dulce e intensa al mismo tiempo, el cerro sus ojos y la siguió, sus manos se posaron sobre las caderas de Maxi y de pronto.
-ah, ah. No! Ni en sueños, nosotros no podemos. Nosotros compartimos la cama y los besos volverían todo muy confuso, muy pelusa.- El rostro de Pablo se había ruborizado.
-Pero fue un beso! O sea un beso, hasta donde yo sé, no te caliento ni un poco. Un beso no nos hace nada. O sea, vos a mi no me generas nada.
-El otro día dijiste que te hago dudar de tu sexualidad cuando uso traje.
- Es una broma Pablo.
-No y es mi última palabra.
-Okey…. Máxima se acomodo en la cama y Pablo le dio la espalda, cubriéndose con el acolchado hasta la cabeza. El silencio incomodo invadió la habitación, Pablo, no entendía bien lo que pasó, pero no se sentía mal, saboreo sus labios buscando sentir de nuevo el gusto de Máxima hasta quedarse profundamente dormido.
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