-Buenos días…- Murmuro con voz de adormecida Máxima,despeinada, con una remera de él, con sus muslos desnudos y firmes.
-Te levantaste. No te quería molestar me estoy yendo a trabajar. - Ella sonrió y era brillante el corazón de Pablo por primera vez. A la mañana siguiente Pablo se levanto temprano, no tenía en mente ir al gimnasio, la noche anterior había sido suficiente generador de endorfinas. La observó dormir mientras se vestía a los pies de la cama. Recorrió el contorno de su figura con la mirada, ese cuerpo desnudo sobre la cama cubierto hasta las caderas con sabanas blancas, el pelo negro sobre la cara, su espalda desnuda y blanca. No tenía idea de que lo que podía pasar ese día, pero verla así fue motivo suficiente para que el pantalón del traje que llevaría hoy a la oficina no pudiera disimular semejante excitación.
"No, Pablo, no. Anoche estábamos calientes y un poco confundidos, pensá con claridad y que el café te quite las ganas de cogértela otra vez” Se dijo a si mismo intentado convencerse de que era imposible que volvieran a repetir una noche similar.
Fue a la cocina y Maxi lo siguió-
-Bueno, pero salúdame ya que te vas a quedar mirandome.- Dijo ella acercándose. Pablo,se alejo, parándose tras la barra de la cocina.
-¿Qué te pasó?
-Máxima, no estoy en condiciones de que me veas.
-Pero ¿Por qué? Si anoche te vi completamente desnudo, Pablo, estuviste adentro mío varías veces anoche…- Vocifero sonriente… -¿Tenes una erección? Preguntó sin darle tiempo a moverse y se encontraron nuevamente frente a frente.- Si… Tenes una erección, te caliento.- Murmuro mirando la entrepierna de Pablo.
-Si, me calentas. ¿Sos Feliz?- Respondió Pablo mirándola directo a los ojos y poniendose muy rojo.
-Mmm.. Tal vez… No sé.- Musito maliciosa la morena y se alejo. Por un momento. Pablo pensó en la ligera posibilidad de salir por esa puerta sin hacer ningún intento, pero rápidamente cambio de idea y alzo a Máxima sobre la mesada, abrió sus piernas y se puso estratégicamente entre ellas.
-¿Queres sentir cuanto me calentas?- Le susurro al oído, mientras metía sus manos bajo la remera que Máxima llevaba puesta. –Así de mucho me calentas- le explicó haciéndola sentir su erección por debajo de la ropa, la respiración de Máxima se torno jadeante.
-Mejor anda a trabajar. Le murmuro al oído.
-Gracias, hija de puta.- Respondió Pablo dirigiéndose al baño.
-El ascensor no queda en esa dirección.
-No, pero el baño si….
Máxima sonrió porque en el fondo y aunque no tuviese gran preferencia por el sexo masculino, calentar a Pablo le resultaba ampliamente satisfactorio. Pablo no dejó de pensar en todo momento en esa noche y menos en esa mañana, su concentración se encontraba aproximadamente a la altura de los pechos de Maxi y su sabor.
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