lunes, 14 de julio de 2014

Ese adorno era molesto (Capitulo XV)

Cuando Maxi despertó, Pablo ya se encontraba desayunando. Ésta vez Maxi sintió la necesidad de no exponerse, así que se ducho y eligió cuidadosamente las prendas con las que se iba a presentar frente a Pablo. -Buenos días…- dijo casi en un murmullo. -Negra ¿Para que te levantaste? ¿No es tu día libre? Por eso no hice ruido, no quería despertarte- Musito Pablo manteniendo la mirada fija en su taza de café. - No me despertaste, es que hace frió y no quería que desayunaras solo.- Respondió Maxi, con una voz distinta a la de todas las mañanas. Pablo levanto la mirada y se sorprendió al verla con el pelo mojado y vestida, llevaba esa calza negra que le marcaba tan bien la cola y un buzo gris que dejaba ver su hombro desnudo. -Qué raro vos… Vestida – inmediatamente pensó en lo que acababa de decir- No es que te quiera ver desnuda, vos me entendes es que... -No sos vos el que todos los días me reclama que me vista? –lo corto reprochandole Máxima y sonriendo con cierta malicia. -Payasa. Me voy a trabajar nos vemos… - Se despidió, tomo su maletín y salió. -¡Pablo! -¿Qué? -¿Venís a cenar? Voy a hacer un pastel de papas. -No me lo perdería por nada del mundo bonita- Respondió desapareciendo tras la puerta del ascensor. Máxima soltó el aire. Esos diez minutos juntos le habían resultado incomprensibles. Pablo tenía razón, no tendría que haberlo besado.
El día de Pablo fue raro. Demasiados casos para su gusto. Además, las cosas con Ale todavía no estaban resueltas, había un aire viciado de bronca y perdón en el estudio. Pero ninguno de los dos iba a dar el brazo a torcer. Pensó en el beso tratando de no pensar. Pero no podía sacárselo de la cabeza. Lentamente se fue poniendo de mal humor. Le había gustado pero todavía tenía a Mía en la cabeza y Maxi era torta, no, no puede ser. Por culpa del mal humor, decidió irse un rato antes de la hora, se le partía la cabeza.
Yo también estuve pensativa todo el día. Estaba inquieta, no sabía que hacer, para donde ir. Me puse a leer para pasar el tiempo pero nada me enganchaba. Tenía en los labios una sensación rara. Hacia mucho que no besaba a un hombre y pensé que me iba a causar repulsión, como un instinto primitivo de buscar unos labios suaves y femeninos que le impidiera disfrutar de él. Pero no fue así. Entonces empecé a ordenar, raro, quería que la casa este tal cual le gustaba a Pablo. Ese adorno era molesto, feo y estaba ubicado estratégicamente sobre la biblioteca para recordarle a Pablo que Mía estuvo ahí alguna vez. Era el 6to mes de convivencia y más a menos podía percatarme de los momentos de mal humor de Pablo. Al llegar, apenas me saludo y fue directo a encerrarse a su estudio. Me quede en la cocina esperando su reacción cuando no encontrase su adorno, claramente buscaba molestarlo porque necesitaba pelear con alguien, era mi propósito del día. -Máxima! ¿Estuviste hoy en el estudio?- Entro a la cocina sacándose la corbata y con la mirada desorbitada -Si, estuve ahí. Quería un libro y cuando lo quise bajar se me cayó encima esto- Le respondí señalando ese horrible adorno roto. -MAXIMA, SIEMPRE ESTÁS ROMPIENDO ALGO, PORQUE NO PRESTAS ATENCIÓN- Subió el tono de su voz -No me grites Pablo, ¿Qué sos? ¿mi viejo?- -Cómo carajo queres que te trate? Si te portas como una criatura! Este adorno era importante para mi y ahora mira- Señalo los restos de la bailarina rota- No queda un carajo de ella- -¿ASI ME VES? ¿COMO UNA CRIATURA? ¿QUIÉN SOS? ¿LUCIA? ADEMÁS ESE ADORNO DE MIERDA LO ÚNICO QUE HACE ES QUE TE SIGAS AFERRANDO AL RECUERDO DE UNA MINA QUE AL MES QUE LE PROPUSISTE MATRIMONIO SE DIO CUENTA DE QUE NO QUERÍA ESTAR CON VOS EL RESTO DE TU VIDA, PELOTUDO- Pablo giro desconcertado y me miro fijo su rostro estaba desencajado fue como si me hubiese atrevido a profanar lo más sagrado que tenía en el mundo. -¿Perdón? Vos no tenes ningún tipo de autoridad para hablar de Ella, no la conociste y no entendes lo que esto representaba para mi - -Si, si entiendo lo que representa esa bailarinita de porcelana de París. Es el último pedazo de tu pasado que no te atreves a largar- respondí tirando a la basura los restos de ese adorno destrozado -¿Qué haces? VOS ME DECÍS QUE ME AFERRO AL PASADO, ACORDATE QUIEN DICE SIEMPRE QUE “yo no era nadie antes de Lucia, ella me hizo” -Si, siempre lo digo y que? Al menos yo me mude y deje una convivencia de 4 años! -No sabes nada de Mía, no sigas Maxima, no si no me queres ver enojado. -¿Qué no sé? Que te dejen porque creen que no sos suficientes para ellos, que te dejen de un día para el otro a la deriva? VOS TE CREES QUE NO LO SÉ? YO SE MUY BIEN QUE SENTÍS, PORQUE LO SIENTO TODAVÍA. LO SIENTO Y ESTOY CANSADA DE SENTIR ESTO, ELLOS NO NOS QUIEREN Y NOSOTROS SOLO SOMOS LA SOMBRA DE QUE ERAMOS CON ELLOS Y ME PARECE, ME PARECE CUALQUIERA SEGUIR EXTRAÑÁNDOLA ASÍ”
Ella estaba gritando todo lo que yo estaba sintiendo. Había explotado y estaba dejando salir todos sus demonios. Se veía tan vulnerable y confundida que no pude o no quise evitar besarla.
-Perdón, me fui al carajo, perdón- alcance a decir y salí al balcón. Le había faltado el respeto. Me sentí un pajero, respire profundo, estaba casi hiperventilado y de pronto ella estaba parada en frente mío, sus ojos me traspasaron y ella me beso. -Maxi ¿Qué haces?- cuestione sintiendo el rose de sus labios -Estoy harta de sentir el frió- Susurro y volvió a besarme. Sentí sus tetas en mi pecho y mis manos rápidamente se trasladaron a sus caderas. Su beso era tan perfecto, tan húmedo, tan caliente que no pude evitar agarrarla del culo y alzarla, sosteniéndola a la altura de mi cadera, -Estas segura de esto? -Si- respondió y la lleve directo a la habitación. La tendí sobre mi cama y uno a uno fui desprendiendo los botones de su camisa, esa camisa de jean con la que la había conocido, sus pechos se desparramaron, hermosos, turgentes, delicados. Me sumergí en ellos y le dedique un tiempo prolongado de besos y caricias, escuche como iba cambiando el ritmo de su respiración. No sé que me calentaba más si tener sus pezones en mi boca o esos gemidos dulces que dejaba salir por momentos. -Pará Pablo, pará- me sorprendió -¿Pasa algo? ¿Hice algo que te molesto?- Ella lanzo una mirada lasciva -No, solo necesito que salgas un segundo de arriba mío- murmuro entre gemidos y frotando mi pelo. Me detuve algo preocupado y me recosté a su lado. -Ahora me toca a mí- Murmuro y se me sentó encima. Me saco la camisa y puso sus pechos en mi boca, mientras se mecía sobre mí y mi primera erección en meses, sentí como friccionaba su cálida entrepierna sobre la mía -Mmm, tenes una erección interesante. No me acordaba como se sentía esto- dijo agarrándome por arriba del pantalón. -A vos que te parece...- No me dejó terminar de hablar y me acomodo su pezón en la boca. A su vez, su culo hermoso estaba en mis manos, la sentí bajar muy despacio con su lengua. Clavícula, pectorales, abdomen y la facilidad para desprender los botones del pantalón me pareció maravillosa. Entonces sentí sus labios en mi pija, la beso, la lamió, la saboreo con tanto o más deseo que nadie antes que ella. No deje pasar la oportunidad de poner ese cuerpo caliente contra la pared, con mis manos presiones sus pechos, murmurándole al oído -Creí que eras lesbiana- ella sonrío y respondió -Saber chupar es un requisito fundamental para mi condición- le saque el jean, dejando expuesto ese culo que tantas veces había visto pasar por mi cocina, pero que ahora necesitaba poseer, le corrí la tanga y comencé frotar su clítoris. Con cada rose sentí como se le escapaba un gemido y le metí un dedo, ella se sobresalto, metí el segundo y ella gimió. -¿Te molesta? -No, seguí- respondió con un hilo de voz- Cogeme Pablo, cogeme ya- Fueron las palabras mágicas para sentir que iba a estallar debido a lo que me provocaba escuchar su voz grave dándome una orden. No lo dude y la penetre, ahí parados contra la pared, la escuche intercalar gemidos y silencios, sin embargo, como era de esperarse, no me dejo terminar en esa posición. “Ahora me la tenes que chupar vos, mostrame lo que sabés” Me obligo a arrodillarme y posó su pierna derecha sobre mi hombro dejando su sexo húmedo y caliente justo a la altura de mi boca. Empecé a recorrer las líneas de sus labios, jugué con su clítoris y la sentí humedecerse más y más a medida que la invadía con mi lengua. Los primeros espasmo llegaron cuando mi dedo comenzó a jugar con su cola, ya no eran gemidos, no, se transformaron en gritos ahogados, me volvía loco sentir sus manos jugando con mi pelo, empujándome, obligándome a succionarla y en un instante simplemente se alejo dejándome rodillas para volver y sentarse sobre mí, por fin nos vimos las caras. Tenía una mirada sátira. Comenzó a cabalgarme sin quitar sus ojos de los míos, me excitaba tanto sentirla tan caliente, tan fuerte, tan dominante y llego mi turno, la tire sobre la cama, levante sus piernas y sin avisar la penetre por completo con todas mis fuerzas, sentí los espasmo en su vagina al contraerse alrededor de mi pene, su espalda arquearse, sus pezones erguirse y de su boca un grito estimulado escapar a mayor fricción, mas potentes espasmo y así ambos culminamos en un orgasmo poderoso como hacia tiempo ninguno de los dos sentía. Acabe sobre ella. Agotado pero con toda clases de pensamientos dominados por las endorfinas. -Me había olvidado de lo que era sentir el calor- Me susurro dulcemente -Si, yo también me había olvidado, me alegro mucho que hayas decido recordármelo- Le respondí y la bese.

No hay comentarios:

Publicar un comentario