Pablo quedó en silencio y sin saber que
hacer. Después de horas de pensar, y sin
más remedio, se quedó dormido.
Movió el brazo buscándola, la mañana ya había
llegado y él no se había dado cuenta, pero no la encontró. Miró el reloj, las
12. Como podía ser? Levantó la vista, buscando signos de Maxi, nada. No estaba
ni ella, ni su ropa, ni el desorden habitual que nacía de ella.
Se levantó desesperado y requisó cada espacio
de la casa, nada. Empezó a llamarla, cada vez, de las 15 veces que lo intentó,
lo atendía la frialdad del contestador.
“Maxi, dónde estás? Te estoy llamando desde
hace un rato, te mando wa, mail, mensajes, nada. Por favor, atenderme. No pensé
que te ibas a ir así, sin despedirte. Me preocupo por vos, te quiero pendeja.
Volve, podemos arreglar esto y volver a convivir, dale, no me hagas esto” Dejó
el mensaje. Inmediatamente después, se arrepintió y quiso borrar todo, pero ya
era tarde.
Después de deambular por todos los lugares
donde se suponía que pudo estar y no encontrarla, fue a la villa donde daba
clases. Le dieron un par de direcciones, después de mentir sobre su identidad.
La encontró, en un hostel de once. Tirada en
la cama, con ojeras y droga alrededor de ella. Ni una sola de las pertencias de
ella estaban ahí, solo un bolso con ropa. Temió lo peor.
Desesperado, se la llevó al hospital lo más
rápido que pudo. No soportaba la idea y ya lo había imaginado, que después de irse
de su casa, iba a volver a esa vida. Sin ningún lugar a donde ir, ni alguien
que la cuide, era lo que conocía y no sabía porque haría eso, pero lo sabía.
Iba a ir a la villa y a la primer oportunidad
se iba a poner a fumar y vaya a saber qué otras cosas, después de esos 5 días
sin saber de ella, quien sabe que más había hecho.
Se sentía culpable de todo, de haberla
abandonado, de haberla cambiado, de no haberse ocupado de ella, y todo por Mia.
Él y su obstinación con Mia, una mujer que ya no es lo que era. Que nunca más
volvería a ser lo que fue en ese tiempo de amor. Que ya se había ido y lo había
abandonado en el momento donde más abrió su corazón. Todo por su culpa y su
cabeza.
El medico dijo que se iba a recuperar en unos
cuantos días. Se calmó un poco después de escuchar eso y volvió a su casa.
Se pegó un baño y se fue a dormir, sin
comer. Hacía días que no comía y seguía sin ganas de hacerlo. En la cama, soñó
con Maxi.
Se despertó fuera de sí, apurado para ir al
hospital a ver a Maxi. Barrió la habitación con la vista y siguió sin encontrar
nada de ella. De repente escuchó un ruido en el comedor. Salió corriendo de la
cama y la vio, sentada sobre una valija, dándole órdenes a los muchachos de la
mudanza. Para que tengan cuidado con las cajas frágiles. Entonces entendió la pesadilla que acaba de
tener, que no podía dejarla ir, que no podía dejarla ir.
-No te vayas…
-Pablo, te
levantaste. Anoche te dije que me iba. Pensé que me escuchaste…
-Pero ¿Por qué? Así
de la nada…
-Bueno… No es de la
nada. Estuve meditaNAH, mentira nunca medito estás cosas. Así me mude con vos.
Así me voy. Boludo, necesitas tener espacio para el garche papuh… Y yo, yo
necesito hacer mi vida, acostumbrarme al hecho de que no siempre estamos con
las personas que queremos. Supongo que tengo que terminar de madurar…
-No podes madurar acá
conmigo?
-No, pelotudo. –Le
acaricia la cabeza- No sé puede. Vos, te vas a casar con Mía, tener bebés y yo
no voy a estar viendo como vos rearmas tu vida mientras yo congelo la mía. Lo digo
con onda, no te ofendas.
-No, si es por eso
tenes razón, pero lo de Mia, todavía no es nada seguro.
-no seas boludo. Hace
como 6 días que ni pelota me das, estas constantemente con el celu o con ella.
No sirve.
-Bueno, pero no
quiero que te vayas. Te quiero, me gusta vivir con vos, por más que no parezca
estos últimos días. Lo de Mia es ocasional, no se cuánto va a durar, o si va a
durar o si quiero que dure.
-No Pablo, ya está
decidido.
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