Cecilia era una linda pelirroja, inteligente, graciosa, divertida pero besaba mal. Marianela, en cambio, era más formal e intrigante pero su voz, su voz era demasiado nasal. Adriana era histriónica, hermosa, femenina, toda una bailarina, pero era compleja y desconcertante. Finalmente Mariana, licenciada en Enfermería, compañera de trabajo, inteligente, divertida, comprensiva de ese mes de locura por el que Máxima había pasado, era la elección más sensata. Por fin habían concretado una cuarta cita. Entre copas de vino, una cena afrodisíaca, besos calientes y la desnudez de sus cuerpos, Mariana interrumpió:
-No estás acá, Walkiria- Así la llamaba en la intimidad - Estás en cualquier lado menos conmigo.
-No Marian, no digas eso, hermosa, nada que ver.
-Es la tercera vez que lo intentamos y no concretamos nada.- Reclamó Mariana mientras se vestía.- Esto no va a ninguna parte.
-Perdoname Mariana, te juro que no es a propósito, no sé qué me pasa.
-Seguís enganchada con tu ex o algo.- Afirmó muy segura.
-No, nada que ver. Para, Mariana, no te vayas.
-Decime qué mierda te pasa y vemos si lo podemos arreglar, pero la verdad que así, mucho no puedo hacer.
-No sé. Yo fui hace 2 semanas a lo de Pablo...
-La puta madre Walkiria! Intento cogerte y vos tenes en mente a un paki con pija. Es de no creer.- Resopló enfurecida Mariana– Chau, me voy. Nos vemos en la clínica. No, ni te atrevas a llamarme.- Salió pegando un portazo.
Máxima suspiró con decepción. El silencio otra vez se adueñó del departamento y si había algo que no soportaba, era ese silencio que le hacía notar la soledad. Rápidamente se vistió y salió a la calle sin un rumbo fijo. En su cabeza la pregunta era “¿Qué carajo me está pasando?” Caminó hasta llegar a la villa donde los vecinos la saludaban con mucho amor, Máxima había trabajado mucho en la zona y se sentía cómoda. Ese lugar que a veces parecía estar a la buena de dios, rodeado de carencias, era el único lugar donde se sentía contenida. Llegó hasta el potrero, donde el Padre Gabriel hacía el papel de árbitro mientras los chicos jugaban un partido de fútbol. Se sentó sobre el esqueleto de un auto donde solían jugar los chicos y los observó, intentando relajarse.
-Hola...- dijo una voz familiar.
-¡Padre Luca! How are you?
-Fine, thanks… Pero por favor, hablame en español. Necesito practicarlo.
-Perdón ¿cómo estás?
-¿Yo? Excelente, la que se ve triste eres tú- advirtió el sacerdote mirando hacia la cancha.
-Nah, yo estoy bien. Te habrá parecido…
-No lo sé. A mí me parece lo contrario, te ves igual hace días.
-¿Qué? ¿Sos adivino vos?
-No, sólo soy observador.- Se jactó el sacerdote con su marcado acento ucraniano. Máxima lo observó casi hipnotizada. Su voz era sedante y su perfume embriagador. Inspiró profundamente antes de responder:
-Aparentemente, sí.
-Si necesitas hablar, estoy disponible.- Se ofreció Luca.
-Gracias. ¿Te llevaron los chicos a conocer la ciudad?
-Aún no, la verdad.- Máxima se puso de pie y dio un grito avisándole a Gabriel que se llevaría a Luca a recorrer la ciudad. -Vamos. Yo te llevo conmigo.- Luca la miró con una sonrisa suave y accedió a la propuesta.
-No te puedo creer la forma en que las mujeres te miran.- exclamó Máxima mientras comía un caramelo.- Claro, estás de civil. Sos re mirable.
-¿Mirable? -Sí, mirable. Sos un tipo lindo, alto, qué sé yo.
-No estoy de civil.- Aclaro Luca abriéndose la campera y señalando el alzacuello- Estoy de incógnito-dijo en voz baja, imitando a un agente secreto.
Pasaron la tarde recorriendo la ciudad, galerías, peatonales, el obelisco y otras zonas potencialmente turísticas, para terminar en Parque Centenario, descansando sobre el pasto.
-¡Dios! Amo esto. ¿Choripan le dicen?
-Sí, y eso que no te cebé unos mates todavía.
-Probé el mate y no, no es de mi agrado.
-¡PECADOR!- Grito Máxima para luego largar una potente carcajada.
-No piensas decirme que te pasa ¿verdad? Se te nota la tristeza en tu música. Cuando suena tu violín.
-Hoy intenté tener sexo con una mujer hermosa y es la tercera vez que no puedo hacerlo.- Dijo Máxima sin filtros.- Sabías que soy homosexual, ¿no?
-Sí, Gabriel me lo dijo. No le veo nada malo.
-¿No te perturba?
-Me ofendes. Ser sacerdote no significa ser de mente cerrada.- Dijo el sacerdote con el ceño fruncido.
-¡No! Luca, no. Nada más lejano a eso. No quise molestarte. Disculpa. La cuestión es que sé que no es biológico porque soy médica y conozco muy bien mi cuerpo.
-Amas a otra persona.- Respondió Luca sin inmutarse
-Wow ¿Qué te hace pensar eso?
-Es obvio, Max. Cuando amas a alguien no tienes deseo de alguien más. Ya Deja de mirarme como si fuese un alíen, tengo 40 años, Max. Antes de optar por el sacerdocio tuve novia, pero no estamos hablando de mí, estamos hablando de tí, así que go on.- Máxima lo miró encantada y continuó con su relato.
–No sé, yo estaba ahí con ella, entre besos, caricias, con sus pechos hermosos en mi cara y...
-MAX, EVITA LOS DETALLES. – La detuvo Luca ruborizado.- Además de sacerdote soy hombre y mi cuerpo reacciona a los estímulos como el de cualquier otro hombre.
-Me estás diciendo qu…
-Sí, te estoy diciendo que me pareces una hermosa mujer y sigo siendo hombre bajo el hábito.- Máxima sonrió con malicia.
-Perdón, en serio. No era esa mi intención.
-No piensas hablarme de lo que te pasa ¿Verdad? Tendré que decirle a Gabriel que me ayude.- Dijo resoplando nervioso. -¿Me estás proponiendo un trío, Luca?
-¡Máxima!
-¡Era broma! No te enojes.- Luca la detuvo mirándola directo a los ojos.
-Si quisiera poseerte, no querría compartirte…
-Oh…
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