lunes, 25 de agosto de 2014

Ella se fue (Capitulo XX)

Pablo quedó en silencio y sin saber que hacer.  Después de horas de pensar, y sin más remedio, se quedó dormido.
 Movió el brazo buscándola, la mañana ya había llegado y él no se había dado cuenta, pero no la encontró. Miró el reloj, las 12. Como podía ser? Levantó la vista, buscando signos de Maxi, nada. No estaba ni ella, ni su ropa, ni el desorden habitual que nacía de ella.
 Se levantó desesperado y requisó cada espacio de la casa, nada. Empezó a llamarla, cada vez, de las 15 veces que lo intentó, lo atendía la frialdad del contestador.
 “Maxi, dónde estás? Te estoy llamando desde hace un rato, te mando wa, mail, mensajes, nada. Por favor, atenderme. No pensé que te ibas a ir así, sin despedirte. Me preocupo por vos, te quiero pendeja. Volve, podemos arreglar esto y volver a convivir, dale, no me hagas esto” Dejó el mensaje. Inmediatamente después, se arrepintió y quiso borrar todo, pero ya era tarde.

 Después de deambular por todos los lugares donde se suponía que pudo estar y no encontrarla, fue a la villa donde daba clases. Le dieron un par de direcciones, después de mentir sobre su identidad.
 La encontró, en un hostel de once. Tirada en la cama, con ojeras y droga alrededor de ella. Ni una sola de las pertencias de ella estaban ahí, solo un bolso con ropa. Temió lo peor.
 Desesperado, se la llevó al hospital lo más rápido que pudo. No soportaba la idea y ya lo había imaginado, que después de irse de su casa, iba a volver a esa vida. Sin ningún lugar a donde ir, ni alguien que la cuide, era lo que conocía y no sabía porque haría eso, pero lo sabía.
 Iba a ir a la villa y a la primer oportunidad se iba a poner a fumar y vaya a saber qué otras cosas, después de esos 5 días sin saber de ella, quien sabe que más había hecho.
 Se sentía culpable de todo, de haberla abandonado, de haberla cambiado, de no haberse ocupado de ella, y todo por Mia. Él y su obstinación con Mia, una mujer que ya no es lo que era. Que nunca más volvería a ser lo que fue en ese tiempo de amor. Que ya se había ido y lo había abandonado en el momento donde más abrió su corazón. Todo por su culpa y su cabeza.
 El medico dijo que se iba a recuperar en unos cuantos días. Se calmó un poco después de escuchar eso y volvió a su casa.
Se pegó un baño y se fue a dormir, sin comer. Hacía días que no comía y seguía sin ganas de hacerlo. En la cama, soñó con Maxi.
 Se despertó fuera de sí, apurado para ir al hospital a ver a Maxi. Barrió la habitación con la vista y siguió sin encontrar nada de ella. De repente escuchó un ruido en el comedor. Salió corriendo de la cama y la vio, sentada sobre una valija, dándole órdenes a los muchachos de la mudanza. Para que tengan cuidado con las cajas frágiles.  Entonces entendió la pesadilla que acaba de tener, que no podía dejarla ir, que no podía dejarla ir.
-No te vayas…
-Pablo, te levantaste. Anoche te dije que me iba. Pensé que me escuchaste…
-Pero ¿Por qué? Así de la nada…
-Bueno… No es de la nada. Estuve meditaNAH, mentira nunca medito estás cosas. Así me mude con vos. Así me voy. Boludo, necesitas tener espacio para el garche papuh… Y yo, yo necesito hacer mi vida, acostumbrarme al hecho de que no siempre estamos con las personas que queremos. Supongo que tengo que terminar de madurar…
-No podes madurar acá conmigo?
-No, pelotudo. –Le acaricia la cabeza- No sé puede. Vos, te vas a casar con Mía, tener bebés y yo no voy a estar viendo como vos rearmas tu vida mientras yo congelo la mía. Lo digo con onda, no te ofendas.
-No, si es por eso tenes razón, pero lo de Mia, todavía no es nada seguro.
-no seas boludo. Hace como 6 días que ni pelota me das, estas constantemente con el celu o con ella. No sirve.
-Bueno, pero no quiero que te vayas. Te quiero, me gusta vivir con vos, por más que no parezca estos últimos días. Lo de Mia es ocasional, no se cuánto va a durar, o si va a durar o si quiero que dure.


-No Pablo, ya está decidido. 

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