lunes, 28 de julio de 2014

El casamiento extraño (Capítulo XVII)

La semana pasó rápido, entre gemidos y risas. No se dieron cuenta que ya estaban sobre la fecha del casamiento de Ian.
No pudieron evitar no separarse siempre que fuera posible. No podían evitarse, no sabían esconderse de ellos.
Y llegó el día.
Al entrar a la iglesia, las miradas se posaron en su persona, camino por la alfombra saludando sonriente, finalmente encontró un lugar entre los ya presentes y se sentó.
Durante la ceremonia, Pablo, que era el padrino de Ian, no pudo dejar de buscarla entre la gente estaba fascinado con ella.
“Puede besar a la novia” Fue la frase que lo saco de su enajenamiento, su hermano había dado el “Si” justo al lado suyo y Pablo casi no se entero. Los novios salieron y detrás las familia excepto Pablo que buscaba casi con desesperación a la mujer que le había quitado el aliento. No tardo en encontrarse con esa espalda blanca con pequeñas pecas en sus hombros y sus pronunciadas curvas envueltas en ese vestido negro. Su primera reacción lo llevo a rosarle el hombro con los labios, ella sintió un súbito escalofrío que le recorrió la espalda.
-Sos la más linda de la iglesia- Ella giró y lo miró directo a los ojos.
-¿Incluso que la novia?
-Inclusive la novia… -Respondió Pablo inspirando profundamente para saciarse de su perfume.- Hola Maxi.- Ella sonrió y como siempre le acomodo la corbata.
-Hola Pablo, estás muy lindo hoy, me haces dudar de mi sexualidad.
-Creí que te había hecho dudar de tu sexualidad el fin de semana pasado. – Ella se sonrojó
-Pablo, estamos en la iglesia- El miró hacia el altar y fijando su frente sobre la de ella murmuro
-No creo que a ella le importe. 
Pablo y Máxima, eran la pareja de la noche. Si, incluso por encima de los novios. La fiesta se desarrollo tal y como Belén, la novia, lo había soñado.  
Por un instante Pablo se mostro ciertamente incomodo ante las miradas acusadoras de la familia de su ex novia pero al encontrarse con los ojos negros de Maxi olvidaba todo.
-Te están mirando. Deberías ir a bailar con tus amigos y familia- Sugirió ella tímida, para nada era la Máxima que Pablo acostumbraba a tratar, era como si la femineidad del ese vestido la hubiese transformado.
-Me miran porque son familiares de Mía, mi ex.
-Oh, entonces me deben odiar, no me soltaste la mano en toda la noche- Dijo largando una carcajada.
-¿Y si te digo que no puedo despegarme de vos hoy?- Le susurro al oído en un tono seductor.
-Pensaría que está intentando seducirme señor Miller Sanz o qué queres que…  Intentó justificar Máxima cuando sintió los labios de Pablo en los suyos.
-No necesito que nadie se entere de nada, Máxima- Musito Pablo dejándola respirar
- ¿Qué fue eso?
-Me moría de ganas de besarte, estás hermosa- Ella sonrió y se alejo posando su mirada en la fiesta, en el medio los novios felices, hacia su izquierda una mesa repleta de gente mayor que se divertía mirando a los más jóvenes mientras aplaudían al ritmo de la música.  Al otro extremo del salón la familia de la ex de Pablo y en la mesa principal los padres del novio y de la novia.
-Sabés? Deberíamos salir a tomar aire- Le murmuro a Pablo quién quedo desconcertado con la fría respuesta de la chica.
-Ok… - Dijo poniéndose de pie, ella se aferro a su mano como si tuviese terror a perderlo, eso en algún punto le generó un orgullo tonto y sonrió mientras se abría camino entre la gente. Ya en el primer jardín ella lo atrajo con fuerza hacia su cuerpo.
-Yo también moría de ganas de besarte- Le murmuro rosándole el mentón con los labios mientras acariciaba la entrepierna de Pablo. Al principio se inquietó pero rápidamente entendió las intenciones de Máxima y la beso arrinconándola, sintió el cambio en la respiración de Máxima, estaba excitada y eso no tenia forma de disimularlo principalmente cuando él la acaricio por encima de su diminuta ropa interior.
-Estás toda mojada… Murmuro hundiendo sus dedos en ella.
-Viste… Estoy así desde que te vi en la Iglesia- dijo mordiéndole el lóbulo de la oreja. Pablo solo atino a alzarla sobre sus piernas y contra la pared.
-Voy a tener que cogerte, sabés?- Manifestó Pablo lanzando una mirada lasciva directo a Maxima.
-¿Si? Y ¿Cómo vas a hacerlo?-
Sin responder Pablo bajo su cara a la altura del pubis de ella  y comenzó a jugar con la humedad de su vulva, con su lengua consiguió el primer orgasmo que baño su boca de los jugos de Máxima.  Sus gemidos eran dulces, calientes y delicados.
-Shhh, se van a dar cuenta de lo caliente que estás.  Date vuelta- Ordenó Pablo.
-Oblígame.- Sonrío despeinada y con la cara roja de calentura. El la dio vuelta con cierta violencia  de la misma forma la penetró, recorrió cada centímetro de su cuerpo por encima de ese hermoso vestido negro, hundió su cara en el pelo de Máxima, amaba la forma en que olía y de entre las muchas cosas que lo excitaban de ella, esa era su favorita. Finalmente el orgasmo potente los dejo exhaustos.
-Tengo sed.
-Acabamos de coger hermoso, en medio de un gran evento estoy re caliente con vos y lo único que decís es. “Tengo sed”?
- Perdón, fue hermoso.  En serio, pero tengo sed. Lo re mil siento.
-No tenes corazón- Dijo Pablo en un tono jocoso  mientras la besaba- Voy a buscarte algo a la barra no te muevas.
-No me muevo es promesa- Pablo volvió a besarla
– Ya vengo. Pará, me olvide de algo. Acoto volviendo a ella con la mirada fija en sus labios.
-Qué? ¿Qué te olvidas Pablo?- Terminó de decir Maxi cuando Pablo la calló con un beso.  Pablo se adentro en la fiesta, sonriendo obnubilado por las endorfinas, pidió dos aguas minerales y volteo encontrándose con los ojos  de la única mujer con la que Pablo se sentía diminuto, encantado. Rápidamente olvido el motivo por el que vino a la barra y se esbozó una sonrisa atontada, casi sin creerlo, se acercó a la mujer y dijo:
-Mía… Volviste- Si, Mía había vuelto, él la había esperado tanto y ahora estaba ahí hermosa, brillante, delicada. Desde el momento en que se vieron no dejaron de mirarse, sonreírse, tocarse. Ella explicó que su vuelo se había atrasado, Pablo, no podía pensar con claridad, solo sabía que cuando ella hablaba el era un niño encantado y cada detalle era importante y cada gesto era único, al final y por motivos que ni siquiera el entendía, terminó enredado entre las piernas de Mía.

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