lunes, 5 de mayo de 2014

El mensaje (Capítulo V)

Tras las primeras dos semanas de convivencia las cosas parecían marchar viento en popa, esa mañana desperté y la habitación parecía una escena de algún film de Meg Ryan. La luz del sol entraba por la ventana, el blanco de las paredes resaltaba, y sobre el lado derecho de la cama Pablo que acostumbraba levantarse antes para ganarme el baño y hoy le tocaba entrenar.
-Buen día.- Dijo saliendo del baño sin inmutarse por mi desnudez.
-Buen día, Pablo. Uh, cierto, estoy en bolas, bueno, ya fue. Entro a la ducha.

Me apresure con el solo fin de serle útil y para eso elegí prepararle el desayuno.
-Dejá el desayuno lo hago yo. Es lo que corresponde.
-Ah ¿sos machista, flaca?
-No, agradecida. Creo que por unos días tengo que serlo, al menos hasta que tengamos que pagar las expensas.
-Me voy para el gym, entreno y voy a la oficina ¿Vos?- Dijo untando mermelada light en sus tostadas.
-Zona norte, todo zona norte me toca hoy.- Le respondí concentrada en la cocina,. Note que se asomó por encima de la mesada y con picardía preguntó.
-¿Cuántos años tenes, Maxi?
-veinticinco ¿Por?
-Deberías venir conmigo al gimnasio. Ese culo no se va a mantener solo, hay que apuntalarlo.- Bromeo mordiéndose el labio. Tenía ese tic, se mordía el labio. También sonreía enorme, hablaba pausado y jamás, pero jamás, levantaba la voz. Salvo, cuando yo dejaba toallas húmedas sobre el sillón de cuero del living.
-Primer punto: Dejá de mirarme el culo. Segundo: No necesito ir al gimnasio a matarme porque a diferencia tuya, esto es genético y tercero: Chupame la pija que no tengo. Pablo.
-Si, claro. No importa gorda, cuando cumplas los 40 yo te pago la cirugía.
No pude evitar revolearle una servilleta ante tan grotesco comentario. Sin embargo esa mañana lo note de un muy buen humor.
- Mi culo es hermoso y lo será en 20 años cuando vos seas un abogado gordo y sedentario porque el poder lo corrompe. Tsss.
Largo una carcajada potente, pero como su costumbre jamás perdió contacto visual conmigo.
-Uh, se me hace tarde. Me voy gorda. – Dijo y se acerco para besarme en la frente. Me corrió el pelo de la cara y pregunto. -¿Almorzamos?
-Me estás invitando a almorzar? ¿Te sentís bien?
-Estoy de un humor especial, te espero en Libertad y Santa Fe al mediodía.- Murmuro y sonriendo ampliamente, dejo que la puerta del ascensor se cierre.
“Este chico, no está bien.” Fue lo primero que pensé. Arme mi bolso, me vestí y salí para mi trabajo. Mientras viajaba pensaba en que iba a comer y que tan insoportable era Pablo a la hora de almorzar. La media mañana llegó rápido a mi día, fui directo a un puesto de panchos con el fin de hacer mi “colación” de media mañana y de pronto en mi cabeza resonó.
¿”Esa porquería vas a comer?” “Eso va a ir directo a tu culo” Pablo era un obsesivo de la conducta alimenticia y claramente había influido en la mía esas semanas.
Al final, me encontré comiendo una barra de cereal con un jugo light, pero termine dando la nota cuando me vi sonriendo ante un mensaje de texto que rezaba:
“Hola, culoncita. ¿Sabes que sos un ser odioso pero te extraño? Te veo en el almuerzo.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario